Puyol

La Razón
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Alguien dijo que en los campos de fútbol lo que se castiga es la puntería con el lanzamiento de objetos. Atinar con el árbitro conlleva graves consecuencias para el propietario del terreno, el cierre prácticamente garantizado; si quien recibe el impacto del mechero o la botella de agua es un futbolista la pena es menor. En 1996, a Brito Arceo le dieron un mandarinazo en la ingle que supuso la clausura de Sarriá por un partido. A Roberto Carlos le alcanzó un mechero en el Camp Nou y el Barça salió del trance con una multa de 3.000 euros; el Atlético pagó 600 por idéntica infracción, pero la diana fue la testa de Cristiano Ronaldo.

En Valencia recuerdan ahora la cabeza del cochinillo y los dos encuentros de cierre del Camp Nou que Ángel María Villar evitó con una medida de gracia al ser reelegido presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). El botellazo a Neymar el pasado sábado ha costado 1.500 euros y la prohibición de la entrada del «acertante» a Mestalla el resto de la temporada. Sin embargo, lo que más polvareda ha levantado ha sido la amonestación del Comité de Competición a los jugadores azulgrana y la réplica del club que, para apaciguar las aguas de su vestuario, reclama neutralidad en un comunicado.

Vamos a ver, no hay justificación que valga para el aficionado del Valencia que, frustrado por el 2-3 en el último segundo, cabreado por la celebración de los futbolistas del Barça a unos metros de él y encendido por los insultos de Neymar se vengó con el botellazo, que ha tenido más consecuencias mediáticas que físicas. El 31 de enero de 2013 a Piqué le acertaron con un mechero en el Bernabéu. Cuando iba a enseñárselo al árbitro, Puyol se lo quitó y le instó a que siguiera jugando. ¡Vuelve, Puyol!