¿Qué va a pasar en Cataluña?

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El desenlace de la crisis catalana, a días del pretendido referéndum, no está claro. A estas alturas lo único que se sabe es que los dirigentes catalanes siguen adelante con la consulta sin atenerse a razones legales ni a otras razones, y el Gobierno está empeñado en evitar tal consulta para que no se quebrante la legalidad constitucional y quiebre la unidad de España. Los secesionistas llevan la iniciativa de la propaganda y el apoyo emocional de una parte notable de la población. Las banderas mandan. El sentimiento se impone a la razón y domina la calle y las aulas. La política nacional va a remolque de lo que ocurre en Cataluña. La gente de la calle en el resto de España sigue ausente. El Gobierno espera al acecho y responde con la mayor cautela a cada jugada. Hasta ahora a lo más que se ha atrevido Rajoy ha sido a controlar «in situ» a todas las fuerzas de seguridad por lo que pueda pasar y a amagar con la intervención económica de la Generalitat, pero sin atreverse a cortar de una vez el grifo del dinero. Tiempo habrá. Lo demás corresponde a la Fiscalía, que se muestra muy activa, pero no menos prudente. Mientras tanto, aumenta la movilización social, con declaraciones, firmas y manifiestos a favor y en contra. En esto ganan por goleada las fuerzas de la razón y de la ley. Desde luego, el mundo intelectual no está de parte del referéndum. Ni el mundo del dinero. En Cataluña destaca en este campo el manifiesto del clero, que incluso han tratado de hacer llegar al Papa. Algún día habrá que analizar el papel nada inocente de la Iglesia catalana a favor del nacionalismo que ha conducido a este conflicto y al descenso allí en picado de las vocaciones y prácticas religiosas. En general, la tesis dominante de manifiestos y declaraciones es una voluntariosa apelación al diálogo y al entendimiento con las reformas que hagan falta, para salir del atolladero. Pero antes hay que pasar por el 1-O. Las preguntas obvias son: ¿habrá o no referéndum, aunque sea un simulacro? ¿Retirarán las urnas los mossos por orden judicial? ¿Se movilizarán ese día, a pesar de todo, millones de votantes? ¿Quién para eso? ¿La Guardia Civil? Y lo principal: ¿es el referéndum, como se sospecha, aun privado de toda transparencia, legitimidad y garantías, un puro pretexto para que Puigdemont, empujado por una masa entusiasta, se suba al balcón y declare la independencia por su cuenta y riesgo, antes de acabar en la cárcel? Es el desenlace que muchos temen. Pero no faltan los que aún confían en que se impondrá el sentido común. ¿Cómo? Ejerciendo los catalanes su «derecho a decidir» en unas inmediatas elecciones autonómicas. Otros opinan que con la reforma de la Constitución, aprobada en referéndum por todos, y un nuevo estatuto catalán, sometido, esta vez sí, a un referéndum legal... ¡Qué sé yo! Se trata de dar paso de una vez a la política, esa palabra, como la palabra democracia, tan manoseadas últimamente. Veremos.