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Sánchez: la gasolina de Vox

Pedro Sánchez estaba convencido que si se repetían las elecciones iba a obtener mayoría absoluta. Iván Redondo, su persona de confianza, escribió el relato y José Félix Tezanos lo tradujo en datos a través de las encuestas del CIS. Aunque no era razonable someter al país a un nuevo estrés, la idea de arañar un puñado de escaños pudo mas que los intereses generales y se convocaron nuevas elecciones.

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Pero cuando acabó el escrutinio comprobamos que estaban equivocados tanto el relato como las encuestas sobre las que se construyó. Desde el sanedrín de Moncloa se aseguraba que ocurriría lo mismo que en la repetición de 2016 en las que Mariano Rajoy recibía un millón más de votos que en diciembre del 2015, es decir, que los votantes se inclinarían en favor del PSOE en aras de la estabilidad gubernamental.

Sin embargo, el PSOE y Podemos han perdido una decena de escaños entre los dos y más de un millón de votos, Vox ha obtenido más de 50 diputados y el Partido Popular aumenta en más de una veintena.

El tiempo político de Albert Rivera ha acabado, pero PP y Vox suman más que lo que ha perdido Ciudadanos, ese es el saldo neto de la operación. La imagen que lo resume es el tuit de una Marine Le Pen eufórica por el ascenso de la extrema derecha.

Tanto es el impacto del crecimiento de los radicales que el ascenso del PP es percibido como un fracaso, Pablo Casado sale tocado, entre otras cosas porque su equipo ha demostrado inexperiencia fijando las expectativas en 100 diputados.

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Lo que sigue igual es la ingobernabilidad del país. El apoyo de Podemos seguirá teniendo el precio de ministros en el gobierno, con lo que a Pedro Sánchez solo le quedan dos opciones: o tomar pastillas para poder dormir nombrando a ministros podemistas desdiciéndose de todo lo dicho en los últimos meses, cosa que no sería de extrañar, o volver a convocar otras elecciones porque sea imposible lograr un acuerdo.

Cuando Sánchez llegó a la secretaría general del PSOE Vox no tenía ni un solo escaño, hoy tiene 52, ha subido en 6 meses la friolera de 28 diputados. Bien se podría decir que se ha convertido en una máquina de votos para la extrema derecha.

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Habiendo ganado claramente las elecciones, Sánchez es intocable internamente, pero él es el mayor problema del Partido Socialista y eso no tiene, hoy por hoy, solución.

Era conocido que Iván Redondo, asesor áulico había trabajado a las órdenes de Monago y Albiol, pero ha demostrado ser más efectivo para la derecha cuando ficha por las filas socialistas.

A partir de hoy volverá el independentismo a la calle, intentarán sacar provecho de la ingobernabilidad, pero es más injustificable, si cabe, que en abril recibir su apoyo en la investidura aunque sea en forma de abstención.

Ni que decir tiene que si la investidura es complicada, la gobernabilidad es imposible. Si Vox fuese agradecido, votaría a Sánchez en la investidura, le deben mucho.