Secuestrados

Los colores ocres del otoño se abren paso entre verdes que parecían perennes. Huele a invierno. En Abu Dhabi eso es una postal, y una imagen para la historia ver a Lewis Hamilton encaramado al escalón más alto del podio, bicampeón del mundo de F-1, como Fernando Alonso. En Lille, Roger Federer ha ganado la primera Copa Davis con 33 años, un motivo más para concederle el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Si no lo tiene es culpa suya, no del jurado, que le persigue desde hace un lustro para entregárselo y el torneo de Basilea, su torneo, le impide acudir el último viernes de octubre a recogerlo a Oviedo. Suena a chiste; pero es así; está secuestrado.

En la Liga, de unos años a esta parte, el gol es cosa de dos, Messi y Cristiano. Mantienen una pugna tan descomunal que empequeñecen las cifras de tantos y tantos Pichichis legendarios. En su caso, perforar la portería resulta un acto tan sencillo que han convertido en rutina eso de marcar. Pero sólo ellos. Messi ha batido el récord de Zarra y lo va a desfigurar. Cristiano suma 20 tantos en doce jornadas y se ha perdido una. Los registros de ambos son indivisibles de los éxitos de sus equipos respectivos. Dada su facilidad rematadora, lo difícil es que el Barça y el Madrid no ganen algo, un título, por lo menos. El problema es que los dos equipos compiten por idénticos objetivos.

Hubo una racha gloriosa del Barcelona con Guardiola en el banquillo, pasó. Ancelotti cumple su segunda temporada en el del Real Madrid, ha ganado una Liga de Campeones, una Copa del Rey y una Supercopa de Europa. El Barça, entre los récords de Messi, se resetea tan a menudo que no consigue fijar un estilo, ni siquiera el que le inmortalizó. Pero avanza, menos firme que el Madrid, un pasito por delante del Atlético de Madrid.