Segunda y definitiva vuelta

La Razón
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Nuestro sistema electoral no garantiza que el partido más votado gobierne. Los diputados son elegidos en proporción a los votos recibidos, con la corrección de la Ley D’Hont, sin que el partido preferido por los españoles tenga el «premio» de un determinado número de diputados, como ocurre en otros países –en Grecia el partido más votado recibe 50 diputados más–. En todo caso, en nuestra historia democrática desde la Constitución del 78, siempre ha gobernado el partido que ha tenido más votos.

En un sistema de segunda, última y definitiva elección, como ocurre en Francia y en otros países, cuando no hay mayoría absoluta son los ciudadanos los que eligen al presidente entre los dos más votados. Esta es la fórmula que siempre he considerado como la más democrática y respetuosa con los votantes, pues son ellos, y no los políticos perdedores, los que deciden quién gobernará. La segunda vuelta fue propuesta por mi partido para las elecciones municipales. El alcalde debe ser el más votado y elegido directamente por los vecinos, por eso presentamos una propuesta, para que si no había mayoría absoluta en la primera votación, hubiera una segunda vuelta en la que fueran los electores los que decidieran, entre los más votados, quién sería su alcalde. Como tantas veces, el PSOE se opuso a una buena medida, a pesar de que esta misma propuesta la habían presentado ellos en el Congreso unos años antes. La segunda vuelta también sería un acierto en las elecciones autonómicas y en las generales, pero curiosamente aquellos que propugnan consultas para toda clase de decisiones, incluso algunas de escasa entidad, se oponen a que algo tan importante como el Gobierno de España sea decidido por los ciudadanos y prefieren que los que han tenido menos votos impongan su criterio pensando sólo en su propio interés, como hizo tantas veces la señora Munar en Baleares.

Son muchas las razones que he expuesto para explicar mi preferencia por la segunda vuelta entre los dos más votados, pero reconozco que ninguna de ellas era para poder salir de una parálisis electoral e impedir que se pudieran repetir elecciones de forma indefinida. Con ese sistema, en enero, habríamos tenido un presidente elegido directamente por los españoles.

El pasado 26 de junio, el Partido Popular, el PSOE y Ciudadanos obtuvieron el 68,74% de los votos. Los tres partidos comparten lo esencial en una situación tan crucial como ésta. Mariano Rajoy es el candidato del partido que tiene más diputados que la suma de los otros dos, por lo que Sánchez y Rivera deberían tener la grandeza que en los momentos importantes han demostrado tantos políticos españoles de todas las ideologías, para no sólo investir como presidente a Rajoy, sino también para dar estabilidad a España.

Si PSOE y Ciudadanos no tienen esa grandeza y hay otras elecciones, propongo a mi partido que la segunda vuelta vaya en el programa electoral. Entonces veremos qué dicen los españoles, hartos ya de tanta estupidez y peligrosa irresponsabilidad.