Tiempo Taurino

La Razón
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No sólo es el mejor tiempo taurino, con la Feria de Sevilla, también lo es en las revistas de esta semana. En todas las portadas aparece la figura de Sebastián Palomo Linares, el gran torero, al tiempo que gran personaje, fallecido el lunes. ¡Hola!, revista en la que fue portada tantas veces, da el adiós a Sebastián con un titular propio de la casa: «Una vida de novela, con un complicado final familiar». No se puede sintetizar más desde el lado del corazón. No sería raro que en próximos números veamos en la misma publicación una exclusiva de Marina Danko, la ex esposa del matador, que con dolor contenido, –esta última frase, aparte de cursi, es muy de la casa, pero de hace 20 años– recordaría los buenos tiempos de un matrimonio que duró más de 30 años.

Eugenia, duquesa de Montoro, en exclusiva claro está, responde a las preguntas, pero teniendo como fin último la promoción de la última colección de joyas que ha diseñado para Tous. Desde ya les digo que las grandes firmas del ramo pueden dormir tranquilas, que esto son cositas de mercadillos más que de un escaparate de joyería. Su madre tenía verdaderas grandes joyas y ella misma se casó con una fastuosa diadema que había pertenecido a la emperatriz Eugenia de Francia, pero la duquesa se ha acogido a esa frase tan recurrente de «menos es más», quedándose solo con el menos.

José Coronado es antes que nada un magnífico actor que ha ganado mucho con el paso del tiempo. Su lista de malos de películas es memorable. Además, ha sido y sigue siendo galán, pero de verdad, con gran poder de seducción. Para colmo es simpático y muy querido por el público. Por todo ello, una vez que afortunadamente ha superado su problema cardíaco, tengo que reprenderlo cariñosamente. No se puede salir del hospital con esa pinta de indigente de país oriental, que eres un bien nacional, un referente del hombre con hache de Hermes. Una estrella tiene que mantener el tipo hasta para salir de un sanatorio. Por supuesto que la citada salida ha sido parte importante de las publicaciones rosas.

Vamos a algo muy amable. Naty Abascal firma un reportaje que tiene como protagonistas a Patricia y a Alfonso, ambos hijos del gran César Cadaval –cuántas risas les debemos los españoles a los Morancos–. Están como son, estupendos, preparados, educados y con un puñaíto de sal propio de la familia. Se mantuvo durante mucho tiempo que los toreros para triunfar tenían que venir del hambre. La necesidad da recursos inesperados. Con el tiempo se ha demostrado que ésa es una verdad a medias. Son muchos los toreros, y más en los últimos 30 años, que han nacido en casas acomodadas, algunos en familias de estirpes taurinas. Alfonso Cadaval podría haber optado por trabajar de acuerdo a sus estudios, o en el último de los casos, estar en la nómina de la compañía de su padre y su tío Jorge, y vivir del cuento, a cuerpo de rey, pero escogió el siempre difícil camino del toreo, donde muchísimos son los llamados y muy escaso el número de los elegidos. Además lo hizo sin dejar sus estudios, como sus padres le exigieron. Ya sabe del sacrificio de vivir casi como un monje en una finca para aprender y apartarse de las cosas propias de su edad. Sabe de cornadas graves, sabe de fracasos en días señalados, sabe lo que es pasarse meses rodando por las difíciles plazas de segunda en México, sabe que con tanto trabajo, con tanto riesgo, lo que ha conseguido hasta el momento en lo económico es que ya no le cueste dinero torear. También sabe de triunfos. Jóvenes personajes como Alfonso sí que tendrían que estar muy a menudo en estas revistas, que al fin son familiares.

Gran número es el que nos ofrece el rey de Marruecos Mohamed VI, en Miami, con su legión de jóvenes amigos o «bodyguard». El vestuario lo deja con una pinta entre Paquirrín y Dinio.