Una mujer, ante lo más difícil

Lo comentó en los pasillos del Congreso un diputado de la oposición: «A Fátima, sólo por lo que le ha caído, ya hay que hacerla un monumento». En efecto, nadie como ella para asumir el gran reto de este Gobierno, la lacra del paro. Porque María Fátima Báñez García es, sin duda, la mujer-coraje del equipo de Mariano Rajoy. Es la suya la lucha contra el desempleo, en el momento más delicado para España. Nunca dudó en aceptar el puesto, porque ella, andaluza de pedigrí, con una formación económica y jurídica de primera tiene, además, algo que en política se llama «buena mano» para lidiar con los agentes sociales, sin renunciar a sus convicciones.

Fátima nació en San Juan del Puerto, Huelva, un 6 de enero. Hete aquí, el día de Reyes, lo que llevó a su familia, muy vinculada y de honda tradición en la ciudad colombina a pensar que la niña «tenía estrella». Inquieta, vivaracha, muy aplicada, estudió Derecho, Económicas y Empresariales, pasando por una etapa en Estados Unidos, que la forjó profesionalmente. En el ramillete de mujeres políticas del PP andaluz, véase Celia Villalobos y Teófila Martínez, Fátima destacaba por dos cosas: su juventud y su sólida formación económica. Ello hizo que Soraya Sáenz de Santamaría, flamante portavoz del grupo popular en el Congreso, contara con ella para el equipo que diseñó el camino económico y laboral hacia el Gobierno.

En ese nutrido equipo, en el que también estaban Cristóbal Montoro, Álvaro Nadal y José Luis Ayllón, Fátima trabajó a destajo y empezó una ingente labor con patronal y sindicatos. Era el germen de su futuro puesto, el más difícil e ingrato de todo el Gobierno. Nunca se amilana. Sus armas de mujer son claras: rigor, honestidad y siempre hacia adelante. Apegada a su familia, le encanta ir al cine con su marido y sus niños, merendar unas tortitas en una cafetería y escuchar música. Tiene en sus manos lo más difícil. Pero Fátima, imparable, directa y sagaz, nunca descansa.