Y ahora, al Ritz

El agónico canto del cisne de la Unión Soviética fue largo y angustioso. Hasta la llegada del pragmático Gorbachov, padeció los mandatos de Breznhev, Chernenko y Andropov. Fue tan prolongada la agonía como la del cisne negro de Tchaikowsky, que se muere y no se muere, y cuando al fin la espicha, mueve las alitas, se incorpora de nuevo y prosigue el ballet. En aquellos tiempos se definía a un cuarteto de cuerda de la siguiente forma: «Lo que vuelve a la URSS después de la gira de una orquesta sinfónica por Occidente». Volvían muy pocos, casi todos ellos comisarios del Partido. Ya he narrado el maravilloso espectáculo del no menos maravilloso Ballet Moisseiev en París. Veinte bailarines saltaron al patio de butacas y ante el asombro de Igor Moisseiev, huyeron a toda pastilla hacia la calle a buscar refugio en la embajada más próxima. En 1968, la Compañía Teatral «Puchkyn» de San Petersburgo actuó en un festival teatral de Londres. No volvió ni el apuntador. Artistas y deportistas eran los únicos soviéticos que podían optar a la deserción.

Los nombres que transcribo a renglón seguido es muy posible que no despierten su interés. Jorge Oscar Sánchez, Raizal Cruz, Carlos Ignacio Galíndez, Ariel Soto, Mónica Gómez, Yaima Méndez, Lisette Santander, Yinet Fernández y Jaime Reytor.

Todos ellos espléndidos bailarines del no menos espléndido Ballet Nacional de Cuba, que alcanzó un gran éxito de crítica y público recientemente en Puerto Rico. Los nueve se han quedado en Puerto Rico para buscar un futuro más o menos digno a sus vidas. Simultáneamente, Cuba disputó en el viejo San Juan de nuestros amores una eliminatoria de la Copa Davis de tenis contra el equipo portorriqueño. ¡Ay, Borinquen de mi vida! Los cubanos perdieron. Perdieron la eliminatoria y a dos de sus tenistas, Randy Blanco y Ernesto Alfonso, que desaparecieron en la víspera de su retorno a La Habana en la noche cálida de San Juan. Al régimen comunista cubano le está sucediendo lo mismo que al soviético. Que sus artistas y deportistas, a la menor ocasión, huyen de sus comisarios políticos y le hacen un corte de mangas a la «revolución». Como siga así la cosa y la tendencia, en pocos meses el único que va a restar en las ruinas de La Habana va a ser el tal Willy allí instalado, aunque cada dos por tres nos aparece por España para recordarnos que en Cuba todo el mundo es feliz.

El tal Willy está entusiasmado con el Coletas, ese fenómeno social y estalinista surgido de la generosidad de las cadenas de televisión y emisoras de radio del sistema capitalista. Apareció días atrás una fotografía en la que el gran adversario del Sistema recibía del Príncipe de Asturias y de Miguel Blesa un talón por el importe de 15.000 euros correspondiente a una beca. Es malvado el Sistema en su afán de silenciar a los heroicos defensores de los desamparados. Como el comunista y gobernante andaluz Valderas adquiriendo a precio de saldo el piso de un desahuciado cuando aún no se había despegado de la camisa la pegatina «Desahucios NO». Ahora, el Fórum de Nueva Economía, que es el Sistema por definición, ha invitado al Coletas a dar una charla en el revolucionario Hotel Ritz, donde se encontrará, sin duda alguna, con los empresarios millonarios de televisiones y radios que tanto le han ayudado para calumniar a la Corona y amenazar con violencia a la Constitución. Los mismos empresarios y ejecutivos del Sistema que serían internados en un agradable Campo de Concentración o en una checa urbana en el caso de que su favorito alcanzara un día el poder político en España.

De Cuba huyen los que buscan la libertad. En España, los que desean destrozarla brillan en la Cuatro de Berlusconi, en la Sexta de Atresmedia y desayunan en el Ritz.