Yo, Leonor

Se lo dije el otro día a mi madre, alias «La Hierbas»: las galletas esas que compras serán buenísimas para la salud, pero a mí se me hacen bola. Pues nada, ahí me tienen Vd, comiendo como si fuera una cabra. Que si ahora un zumo verde, que si ahora un pan integral más seco que un zapato, que si ahora una sopa con un puerro flotando. Menos mal que mi hermana se come lo mío, lo suyo y hasta el papelillo de los sobaos y así disimulo un poco. El martes, eso sí, me puse de chuches hasta las orejas, así, para compensar. Ese día mi hermana Sofi cumplió siete años la pobre y echamos la casa por la ventana. Eso fue un no parar de adornos cursis y lazos y venga velas y pastelitos rosas, así que aproveché para ponerme como El Tenazas a bollería industrial, que es lo mío. He leído por ahí que yo una vez dije «antioxidantes» y tengo que desmentirlo. Yo digo esa palabra y se me viene una arcada seca a la boca. Yo soy más como el abuelo, de jamón, caña de lomo y cosas que manchen los dedos. El abuelo, por cierto, que es que no para quieto con tanto ir y venir a ver a gente con turbante, qué barbaridad. A nosotras también nos han sacado a dar un rulo esta semana, a lucir melenón y tipín. Nos llevaron a ver aviones a Murcia, de esos que pasan por el cielo haciendo locuras. Muy bonito y muy guapos los pilotos, pero no pude ver nada con tanto sol. En vez de alfalfa, cómprame unas Ray Ban de espejo, hija. Menudo pellizco llevo en el brazo.