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Casado frena el ascenso de Sánchez

Tiempo de lectura 4 min.

02 de septiembre de 2018. 23:44h

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2/9/2018

Con la llegada de Pablo Casado a la presidencia del PP se cerraba el ciclo de cambios en los líderes del arco parlamentario. Ha sido paralelo, como es lógico, al triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez y la consiguiente salida de La Moncloa de Mariano Rajoy. De esta manera, el mapa político empezaba a dibujarse, no tanto como un relevo de los dos partidos tradicionales que en sus diferentes metamorfosis perduran desde la Transición, PSOE y PP, algo que muchos auguraban, pero que ahora viene a negarse. Sin duda, Podemos y C’s son formaciones que han venido para quedarse, pero no para relevar de manera sorpresiva a la izquierda y al centro derecha. El «sorpaso» a socialistas y populares que tanto Pablo Iglesias y Albert Rivera empezaban a tocar con la punta de los dedos demoscópicos, tendrá que esperar. Ambos partían de un cálculo político equivocado: pensar que la radicalización de sus discursos sobre las cuestiones que más lo definen –demandas sociales en Podemos y el «proceso» independentista en C’s– les iba a reportar un beneficio en constante crecimiento. Hace falta algo más, sobre todo un programa político amplio que responda a las necesidades del conjunto de sociedad. La llegada de Casado como líder del PP ha permitido rearmar ideológicamente a un partido que había sido herido en su orgullo tras la moción de censura, después del trabajo en solitario del gobierno de Rajoy frente a la crisis económica. Por otra parte, ha sabido situarse en un nuevo tablero como referencia principal del centro derecha. Eso es mérito de Casado, que ha permitido que el PP haya subido en expectativas de votos. Según una encuesta de NC Report que publicamos hoy, los populares crecerían ocho décimas respecto al sondeo de julio, pasando del 26,7% al 27,5%. Por su parte, el PSOE capitaliza su llegada al Gobierno con un 27,8%, cuatro décimas más que en julio, como ya se apuntaba en muestras anteriores, aunque no le permite alejarse de la sombra de PP; de hecho, están prácticamente empatados con un diferencia de tres décimas. Que los populares recuperen el pulso y se sitúen a la altura de los socialistas, pese a que éstos se han beneficiado del efecto Moncloa, es un buen indicativo, sobre todo a las puertas del inicio del curso político con temas encima de la mesa sobre los que el PP tiene una posición muy fijada, mientras los socialistas demuestran estar dando bandazos en muchas de sus propuestas estrellas e hipotecados por Podemos y, de manera especial, por un irresponsable Torra. C’s es el único partido que no crece respecto a julio, perdiendo un 12,9% de sus votos a favor de populares. En total, cae cuatro décimas y, aunque se aleja de su nivel más alto –24,4% en abril–, consigue afianzarse como tercera fuerza, por delante de Podemos, que aun remontando posiciones deja atrás los datos que le permitían elucubrar con ser el gran partido de la izquierda. El sondeo muestra como el fin del bipartidismo en el que Iglesias y Rivera basaron sus estrategias no se sostiene, lo que permite a PSOE y PP conservar las dos terceras parte de los escaños, nivel necesario para afrontar cualquier reforma de Estado. Lo que, por otra parte, deja claro estos posibles resultados es que la mayoría en la que se sostiene el gobierno de Sánchez no crece y, por contra, la suma de PP y C’s se queda a un escaño de la mayoría absoluta. La crisis en Cataluña, con su agudización, según los planes anunciados provocadoramente por Torra, y con la perspectiva de del inicio del juicio contra los instigadores de la declaración de independencia obligará a los partidos constitucionalistas a cerrar filas a pesar de la debilidad de su alianza.

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