España

Justa, humanista y progresista

La izquierda se ha lanzado en tropel y desbocada contra la ley de protección de la vida del concebido y de derechos de la embarazada. Sus ataques se han dirigido contra el ministro de Justicia, responsable de un proyecto que está sobrado de virtudes y que ha recuperado para nuestro ordenamiento la cultura del derecho a la vida y los equilibrios constitucionales en cuanto a la protección de los derechos del concebido y de la mujer. Sus reflexiones en la entrevista que LA RAZÓN publica hoy constituyen un repaso pormenorizado de los valores de una ley necesaria, pero son también en sí mismas una defensa y una reivindicación de una sociedad regida por reglas morales que sustenten un orden cívico y superior al servicio del bien común y un reproche al materialismo. Sólo bajo esos parámetros son posibles una convivencia y un entendimiento que se interpreten como tales y de los que se beneficie una sociedad comprometida con los derechos básicos del ser humano sin matices ni componendas ni cálculos políticos y coyunturales. Alberto Ruiz-Gallardón habla de una ley «justa, humanista y progresista» que reemplaza a otra, la «ley Aído», que «desprecia absolutamente los derechos del concebido, ignora el mandato constitucional y deshumaniza el drama del aborto». Y tiene razones de peso para fundamentar sus juicios. No hay nada más progresista que proteger a los inocentes, los débiles y los desamparados y esta norma a diferencia de su predecesora lo hace. Tampoco es un asunto menor el concepto de la deshumanización. Como bien apunta el ministro, el aborto «no es un derecho, es un drama, una tragedia personal» para el concebido y para la mujer, y sólo este convencimiento permite abordarlo con la sensibilidad y el cuidado obligatorios, y no como si se tratara de una práctica quirúrgica más. Gallardón reprocha al PSOE su «soberbia intelectual histórica» y la supuesta «superioridad moral de su ideología» que han utilizado para intentar restar legitimidad al Gobierno del PP en su acción de gobierno, incluida la reforma de la Ley del Aborto. «Consideran que ni siquiera con una mayoría electoral podemos rebatir sus postulados». Lo que está claro es que los socialistas no han entendido aún que la sociedad española se rige por principios y valores sólidos en los que la vida es un bien moral superior y que no comparte proyectos políticos que relativicen ese orden ético. Por eso, el PSOE convoca en Madrid una cumbre europea por la libertad de las mujeres con una puesta en escena que es ya de por sí un insulto a la inteligencia, además de prestar un pobre favor a la imagen del país. Defender que las mujeres no son libres en España es sencillamente faltar a la verdad. Gallardón tiene ahora por delante un complejo trámite parlamentario y una dura campaña de movilizaciones de la izquierda. Cuenta, sin embargo, con el respaldo de una mayoría social y de una causa justa.