La Cup no está con la democracia ni la libertad

No cabe duda de que en las filas de la CUP están nerviosos. No ha debido sentar nada bien la imagen de los Reyes en Barcelona reconfortando a los catalanes tras el atentado, interesándose por los enfermos, rindiendo homenaje a los muertos. Tampoco la del presidente del Gobierno o la vicepresidenta o el ministro de Interior en la Ciudad Condal a los mandos de la terrible crisis de seguridad desatada. De ahí que la diputada de la CUP Mireia Boya haya asegurado que ellos no piensan participar en la manifestación en contra del terror convocada para el sábado si acude Felipe VI, al que acusan de «financiar el terrorismo islámico», porque «no es bienvenido». Esta boutade que solo busca el titular fácil se descalifica a sí misma, pero no está de más recordar que es la formación anticapitalista la que defiende a partidos proetarras como EH-Bildu o acciones de terrorismo callejero como las que han perpetrado sus cachorros contra el turismo en la misma ciudad de Barcelona. A la CUP nadie la va a echar de menos en la marcha del sábado igual que nadie la echó en falta en la misa de ayer o en los distintos homenajes que se han producido desde el ataque y en los que sí han participado el resto de partidos y autoridades. Ellos sólo se benefician del caos y de la división y todo lo que huela a hacer frente común o unir fuerzas les pone frenéticos. Está bien que no vengan. No son bienvenidos.