Los Barones del PSOE deben frenar el bloqueo institucional

La Razón
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Mientras Felipe VI firmaba el pasado 3 de mayo el decreto de convocatoria de elecciones para el 26 de junio, en Stuttgart, capital del Estado de Baden-Wurtemberg –uno de los más ricos y poblados de Alemania–, se cerraba un pacto entre la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Angela Merkel y Los Verdes, partido que podría situarse en la izquierda más liberal. No sólo la canciller aceptó un acuerdo que, para las mentalidades que por estas latitudes practican el fundamentalismo ideológico, sería inaceptable, sino que además lo hizo como segunda fuerza dentro del gobierno del «land». No pasó nada, a pesar de que fue doloroso dejar el poder en un territorio donde gobernó entre 1953 y 2011. En otro estado, el de Sajonia-Anhalt, se puso en marcha la misma coalición, pero sumándose los socialdemócratas (SPD). Tampoco pasó nada. Y ahora, en Berlín, Merkel gobierna junto al SPD, partido que vive sus peores cuotas electorales, a pesar de que impuso un gobierno social que fue aceptado en referéndum por la militancia y de ostentar la vicecancillería y carteras tan importantes como Economía, Exteriores, Trabajo y Justicia. El objetivo era evitar que Alemania cayera en una situación de inestabilidad política. Estos ejemplos son sobradamente conocidos por los dirigentes socialistas españoles y los llamados «barones», que, al parecer, tanto poder acumulan. Sin embargo, son incapaces de plantear una negociación seria con el Partido Popular para dar a cambio su apoyo a la investidura de Mariano Rajoy, ni una coalición de gobierno, por supuesto, pero ni siquiera una abstención –o «abstención técnica» por la que varios diputados se ausentarían del pleno– que permita la investidura. Lo grave, además, es que se desconoce qué objetivo persigue Pedro Sánchez con su empecinado «no». Partiendo de que esta posición sólo puede conducir a convocar por tercera vez las elecciones, podemos decir que la estrategia del líder socialista va en contra de los intereses de país. Si su permanencia en la secretaría general es más importante que perseverar en el bloqueo institucional, sólo cabe pensar que esta estrategia es suicida. Los dirigentes territoriales deben tomar la palabra de manera urgente y hacer ver a la actual dirección federal que llevar a los ciudadanos de nuevo ante las urnas va en contra de los intereses generales y, además, ahonda en la crisis del PSOE. Algún miembro del aparato de Ferraz querrá convencerse de que, dado que ya se ha tocado fondo electoral –sin duda, una visión optimista–, sólo cabe volver a subir, por lo que hay que persistir en el bloqueo y en unas nuevas elecciones. La estrategia es tan perversa que se han instalado en una contradicción irresoluble: no quieren repetir las elecciones, pero nunca apoyarían a Rajoy absteniéndose. Hay un hecho que conviene destacar en este punto: si Pedro Sánchez no permite que gobierne la lista más votada –pues este debe ser el principio de cualquier acuerdo–, se está situando lejos de la centralidad política en la que siempre ha estado el PSOE. No es extraño que al renunciar a esta posición acabe como un partido marginal. Renunciar a los compromisos que tenemos como país –aprobación del Presupuesto, techo de gasto y déficit– es desentenderse del gobierno, pero no para situarse en la oposición que le corresponde como segunda fuerza, sino en una «antipolítica» sin más recorrido que lo que da de sí ese maximalismo. Mañana, el Rey da comienzo a las consultas con los líderes políticos y el jueves recibirá a Sánchez; sería deseable que para entonces los dirigentes del socialismo español hayan salido de su cómodo silencio.