Ni referéndum ni independencia en Cataluña

La Razón
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La Asamblea Nacional Catalana, el órgano controlado por el poder separatista, se posicionó ayer a favor de la proclamación unilateral de la independencia. Lo hizo en un cónclave al que asistió buena parte de la plana mayor secesionista, encabezada por el presidente de la Generalitat. En ese mismo acto, a continuación de aplaudir la posibilidad de declarar la ruptura de España por las bravas, Carles Puigdemont planteó una última «propuesta catalana» para resolver el conflicto «hablando», eso sí, con la consulta como condición indispensable. O lo que es igual, en el plazo de una hora, se habló de un golpe, de diálogo y de más golpe contra el Estado de Derecho. Fue otra prueba más del grado de descomposición, declive y desarme estructural, político e ideológico del entramado rupturista, como lo fue el fiasco de Puigdemont y su frustrado viaje a Marruecos. Por supuesto, saben que no habrá ni referéndum ni independencia y que el Estado responderá con la aplicación del ordenamiento jurídico para reponer la legalidad donde y en el momento en que sea atacada. ¿Por qué insistir, pues, en un camino que no dirige a nada bueno y que no responde siquiera a un anhelo de la mayoría de los ciudadanos de Cataluña que sólo aspiran a que sus gobernantes mejoren y no empeoren sus condiciones de vida? En este trance, las responsabilidades no serán menores y habrá que responder por ellas. Como mantiene el Gobierno desde hace años, no sobra apelar de nuevo al diálogo para encauzar el desencuentro, pero, obviamente, desde el respeto escrupuloso a la Ley de todos.