Un insulto a la solidaridad del rey

El independentismo ha puesto en su objetivo a la figura del Rey, no precisamente por hacer dejación de sus funciones tras los atentados de Barcelona y Cambrils. Como corresponde al Jefe del Estado, estuvo en todo momento informado del suceso; encabezó el acto de repulsa que tuvo lugar en la Plaza de Cataluña y que reunió a miles de ciudadanos y representantes de todo el espectro político; alabó el comportamiento cívico y solidario de los barceloneses y el trabajo de los Mossos d’Esquadra; se interesó por todas las víctimas y visitó a los heridos en dos hospitales de la ciudad. El comportamiento de Felipe VI estuvo a la altura de las circunstancias, como no podía ser de otra manera en momento tan grave, y además quiso transmitir con cercanía y afecto su apoyo y solidaridad a los que de manera directa sufrieron el atentado. Junto con Doña Letizia, el Rey visitó a los heridos y la web de la Casa del Rey publicó unas fotografías saludando a unos niños heridos en el atentado. Como es preceptivo, estas imágenes sólo se publicitaron con la autorización de padres y afectados. Con ello no hubo más intención que transmitir a toda la sociedad española esa demostración de cariño. Creer ver en ello algo más sólo nos demuestra hasta dónde el independentismo es capaz de retorcer la vida política. Sólo así puede entenderse el comunicado oficial y la carta que el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia de la Generalitat ha enviado a la Casa Real pidiendo que se retiren esas fotografías de niños y adolescentes heridos en los hospitales barceloneses del Mar y de Sant Pau por estar prohibido «por la legislación de protección a la infancia y la adolescencia, al afectar a su derecho a la dignidad y la privacidad». Por su parte, la Casa del Rey ha respondido con una nota que «exclusivamente en aquellos casos en los que se concedió el permiso expreso entraron las cámaras en la visita» que realizaron los Reyes. Que la CUP haya acusado a Don Felipe de hasta ser responsable o cómplice de los atentados entra dentro de la lógica de un grupo cuyo extremismo empieza a tener aspectos patológicos, pero que desde una institución como la Generalitat se dé validez a la versión de la Consejería que se ocupa de la protección a los menores es de una irresponsabilidad que sólo puede explicarse por la deriva a la que, pasando por encima de los atentados del 17-A, quieren conducirnos los independentistas. Es un gesto de provocación que sólo busca dañar a la Jefatura del Estado y mantener activo el «proceso» con unos métodos inaceptables. Primero, la CUP lanzó la consigna de que ni el Rey ni el presidente del Gobierno serían bien recibidos en la manifestación del próximo sábado y ahora se vuelve a atacar de manera indigna a Don Felipe. Es evidente que el atentado yihadista ha obligado a cambiar el ritmo de la hoja de ruta del plan independentista. Ha tenido que ser una tragedia la que ha permitido mostrar los afectos entre Cataluña y el resto de España y la necesidad de permanecer unidos en un momento en el que hemos sido blanco del terrorismo islamista. Los independentistas saben que sólo cortando los vínculos con la sociedad española será posible ejecutar su plan, pero el atentado ha conseguido dejar claro que somos una sociedad libre y democrática y que compartimos los mismos valores. Carles Puigdemont ya ha dicho que nada parará el «proceso» y está haciendo todo lo posible –incluso con acusaciones tan graves como las vertidas contra el Rey– para mantenerlo vivo. Esperará a que pase la onda afectiva de los atentados para dar el salto final. La Generalitat no debe olvidar que desde el jueves 17 ya nada es igual.