Otra muesca en el Gobierno: Borrell

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Las exigencias éticas es lo que tienen: que son para todos y se cumplen, o se convierten en un dedo acusador. Después de los casos de Màxim Huerta o Carmen Montón –con salida del Ejecutivo–, el PSOE ha interiorizado que se queda sin banquillo como no asuma la vergüenza de las «distracciones» de sus ministros. Así ha sido con Dolores Delgado y ahora con Josep Borrell, multado por la CNMV con 30.000 euros por tener información privilegiada en una venta de acciones de Abengoa. Seguir en La Moncloa lo justifica.