Canela fina

González-Gallarza, 85 años de amistad

Celebraba yo sus éxitos y él me llamó con alegría para felicitarme por haber conseguido el número 1 de mi promoción en la carrera de Periodismo.

Tenía yo cinco años y con más curiosidad que zozobra entré en la clase de parvulitos A en el Colegio del Pilar. Don Donato, el profesor, me señaló un pupitre. En él estaba sentado Rafael González-Gallarza. Congeniamos enseguida. Él era hijo de un aviador célebre que, al poco tiempo, fue nombrado ministro del Aire. Durante once años fuimos compañeros, no solo de clase, también de carpeta. Jugábamos al fútbol y como el Atlético de Madrid se convirtió durante un par de temporadas en Atlético Aviación, el padre de Gallarza nos llevaba al estadio de Vallecas, primero, al Metropolitano, después. Aquel equipo, con un jugador excepcional, Campos, ganó dos campeonatos de Liga entrenado por Ricardo Zamora, el mejor futbolista español de todos los tiempos, que mantiene el gran récord de nuestro fútbol: 17 años internacional indiscutible.

Gallarza y yo íbamos los jueves al cine y los domingos nos turnábamos de casa. Yo vivía en Ayala, 4. Él pertenecía a una familia de la alta sociedad y disponía de dos palacios en Madrid: el de Larios en la Castellana y otro menor en Francisco Silvela. Tenía, como yo, varios hermanos. Conchita me deslumbraba. Concluimos los dos el bachillerato con Premio Extraordinario en el Examen de Estado. Él estudió Derecho, yo Periodismo. Mantuvimos intacta la amistad. Celebraba yo sus éxitos y él me llamó con alegría para felicitarme por haber conseguido el número 1 de mi promoción en la carrera de Periodismo.

Gallarza era amigo de Landelino Lavilla y colaboró con él en diversos cargos. Yo defendía la Monarquía parlamentaria encarnada por Don Juan en su exilio de Estoril. El dictador Franco me persiguió como a una rata y terminó enviándome al exilio en 1967. Mi amistad con Gallarza permaneció intacta. Su hermano Eduardo fue compañero del Príncipe de Asturias Don Juan Carlos. Gallarza estaba orgulloso de sus hermanos y yo de los míos, de forma especial de mi hermana María Clotilde. Él fue el primero en felicitarme por el Premio Príncipe de Asturias. Y acudió a mi ingreso en la Real Academia Española, que se abarrotó de público. Gallarza escuchó el discurso sentado en la escalera al lado de la duquesa de Alba.

En los últimos años, almorzábamos juntos con Juan Bielza, el alumno más destacado de nuestra clase, luego sacerdote marianista. Una persona excepcional. Rodeado por su mujer, hijos y nietos, Rafael González Gallarza ha fallecido a los 90 años tras una vida de intensa religiosidad, plena de éxitos.