
La situación
El juego de las culpas
«Criticar al jefe del Estado para salvar la imagen del jefe del Gobierno es una muestra de impudicia de altos vuelos»
Un crítico teatral británico llamado Kenneth Tynan pasa por ser el creador de una expresión que hizo fortuna en política: el «blame game», o juego de las culpas. Escribió Tynan en 1958: «La familia da vueltas y vueltas en el peor de los rituales domésticos: el juego de las culpas. Yo te culpo a ti de mi agonía; tú culpas a ella de la tuya; ella me culpa a mí de la suya».
El periodista William Safire, en su celebrado «Diccionario de la política», define el juego de las culpas como un método para esquivar la responsabilidad, mediante la fórmula de señalar a otros. Y pone como ejemplo que el diario The New York Times criticara a George Bush en 2005, cuando el presidente pretendía repartir culpabilidades por la mala gestión en el desastre del huracán Katrina, cuya responsabilidad correspondía a su propio gobierno.
El desastre de la dana de Valencia ha desencadenado un delirante juego de las culpas entre administraciones y partidos políticos, mientras miles de voluntarios y equipos de rescate tratan, desesperadamente, de recuperar sus calles, sus casas y sus vidas.
Es cierto que el intercambio de acusaciones (ahora, entre Sánchez y Mazón, y ambos tienen razón en criticarse mutuamente) es nuestra triste cotidianidad. Sí sorprende que Moncloa se haya atrevido a dar un salto hacia lo desconocido al incluir en este juego al Rey, por su deseo de visitar la zona del desastre, de la que Sánchez tuvo que salir precipitadamente. La crítica llegó, nítida, a determinados medios, a través de las fuentes habituales de Presidencia del Gobierno, y el ministro Óscar Puente le puso cara y voz.
Criticar al jefe del Estado para salvar la imagen del jefe del Gobierno es una muestra de impudicia de altos vuelos. Lo es, aún más, a sabiendas de que el Rey no devolverá el golpe, porque no participa de la refriega política. El jefe del Estado no puede, ni debe –ni se le ocurrirá– criticar al jefe del Gobierno.
Tan activos en la gestión de la imagen pública, y tan inactivos para gestionar los recursos del estado.
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