Veranear en Mogadiscio

La Razón
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Como en años anteriores, pretendo acercar a nuestra sociedad a los miembros de las Fuerzas Armadas que trabajan por nuestra seguridad «allende los mares» o en «tierra extraña». Normalmente, no hay ofertas turísticas ni oportunidades de última hora para veranear en las zonas en que despliegan. A pesar de ello, disciplinados, velan por la seguridad global, la que no puede ceñir los riesgos y amenazas al interior de unas fronteras.

Prometí al Coronel Juan Murillo y a sus 14 hombres –16 si añadimos a un Capitán de Intendencia destacado en Nairobi y a un Teniente Coronel del EA en la célula de apoyo en Bruselas– hablar de su complejo trabajo, al que el ministro Morenés calificó recientemente como «la misión más exigente» de las desplegadas a día de hoy por España.

Veranean nuestros hombres con 125 efectivos de 12 naciones –11 europeas más Serbia–, hoy con mando italiano, en el Cuartel General de la Misión Europea (EUTM Somalia) desplegada en el Aeropuerto Internacional de Mogadiscio. Su reto: capacitar al nuevo Ejército somalí para combatir la piratería y el terrorismo de Al Sahbaab, la filial de Al Qaeda en la región. A día de hoy han formado 5.000 efectivos. Con ello se contribuye a la otra misión de la Unión Europea: la naval, Atalanta. Resultado: entre ambas, en los últimos tres años, no se ha producido ningún ataque de piratería. ¿Se acuerda el lector de aquella pesadilla de los secuestros de barcos en el Índico?

No fue fácil la implantación de la misión, legitimada por la Resolución 1872 del Consejo de Seguridad de Mayo 2009. Incluso debió ubicarse inicialmente en Uganda dada la falta de seguridad en Somalia. Hablamos de un país que lucha por salir de los clanes, de la piratería y el integrismo, en el que un 30% de sus 8 millones de habitantes sobrevive con ayuda alimenticia internacional y que más de medio millón de ellos se ha tenido que desplazar por razones de seguridad. País «difícil de explicar; mucho menos de entender; sobre todo de asimilar». Dicen nuestros hombres que una leyenda local señala que dos palabras no se encuentran en su diccionario de la lengua: futuro y gracias. Esta última palabra –«weebale» es muy utilizada en cambio por los ugandeses que prestan seguridad y gran parte de los servicios del campus: «Siempre que nos cruzamos con ellos intentamos aprender algo de su idioma y enseñarles algo de español; las conversaciones a la hora de la cena son cuanto menos curiosas».

Los somalíes, convencidos de la importante situación estratégica de su territorio y del peso de su historia, están convencidos de que cuando les falte algo, «lo que sea, dicen nuestros hombres» –la comunidad internacional tiene la obligación de dárselo. ¡Difícil levantar un país con esta mentalidad!

Con buen sentido del humor tanto el Coronel Murillo como el teniente coronel Ramírez, un hombre que simultanea sus papeles de Political Advisor y PIO (prensa) en el Cuartel General de la Misión, con el de enlace con el Ministerio de Defensa somalí, me dicen que «estamos más seguros aquí que en Europa», vistas la tragedia de Niza y el golpe de estado de Turquía. En este país, en Adana cerca de Incirlik , despliega un contingente español formado por 132 efectivos del Regimiento de Artillería Antiaérea de Valencia, al que nos referiremos otro día. Puntualizo el «más seguros», cuando también me dicen: «Dormimos con el armamento y la munición en los propios contenedores».

¿Cómo lleva la familia la separación de ocho meses de misión? «La verdad –me dicen– es que ahora con internet, face time y skype es más llevadero que en Bosnia a comienzos de los 90; a la vuelta habrá que hacerse sitio otra vez en casa, recuperar la parte del armario que nos pertenecía».

Unos soldados nuestros ayudan a un país que, con dificultades, intenta salir de su Edad Media, para que, atendiendo a su propia seguridad, contribuya a la nuestra. Y lo hacen con eficacia, experiencia, entregados a su misión. Doy mucha importancia también a la forma optimista con que la afrontan.

Con nuestras playas atiborradas, mientras consolidamos una nueva legislatura, en Mogadiscio «veranean» unos soldados nuestros en un país situado en el Ecuador, en el que, por tanto, las noches son iguales a los días y donde las temperaturas «no bajan de 25 grados pero tampoco suelen subir de 35». «Ahora estamos en el final de la época de lluvias; en Mogadiscio llueve poco, pero cuando llueve se inunda».

Cuando nos recuerdan que se levantan «a las cinco y media» y que «la jornada se alarga hasta las cinco de la tarde» y se enorgullecen de formar a unos contingentes «cada día más eficaces», sólo nos queda valorar y agradecer su esfuerzo y desearles un buen verano.