El Papa, con los «socorristas del Mediterráneo»

En el sexto aniversario de su viaje a Lampedusa, Francisco clama por los migrantes y contra la política de puertas cerradas de Salvini

El Papa acaricia a un niño después de la misa por los refugiados, a la que asistieron familias de migrantes
El Papa acaricia a un niño después de la misa por los refugiados, a la que asistieron familias de migrantes

En el sexto aniversario de su viaje a Lampedusa, Francisco clama por los migrantes y contra la política de puertas cerradas de Salvini.

La capitana del Sea Watch, Carola Rackete, sigue acaparando portadas de revistas internacionales y comentarios furibundos de uno y otro signo en las redes sociales, mientras el Gobierno de Roma mantiene su cruzada contra las ONG. Ayer, las autoridades requisaron el barco de la organización italiana Mediterránea, tras atracar el día anterior en Lampedusa con 41 migrantes a bordo en un caso calcado al del Sea Watch. La alemana Sea Eye tuvo que maniobrar y dirigirse a Malta con 65 rescatados el pasado domingo, cuando ya se preparaba para desembarcar también en Italia. Mientras que la española Proactiva Open Arms navega por el Mediterráneo, donde ya ha participado en varias operaciones la última semana. Todas ellas están en el punto de mira no solo del ministro del Interior Matteo Salvini, sino de toda la corriente política soberanista. Tampoco son muchos los gobernantes que se atreven a defender directamente su causa. Por eso, el nuevo gesto del Papa les dota de un apoyo excepcional, cuando todo son trabas en su trabajo.

No es la primera vez que Francisco se dirige a las ONG. Pero la misa celebrada ayer en la basílica de San Pedro, con la crisis actualizándose a golpe de tuit y el eco todavía presente del «caso Rackete» –está previsto que comparezca de nuevo hoy ante el juez, aunque la audiencia podría posponerse–, cobró una dimensión mayor. Ante un público de 250 personas, compuesto por migrantes y trabajadores humanitarios, el Pontífice hizo un llamamiento: «Hay que ayudar a los más débiles y vulnerables». No hubo nombres propios, ni siquiera una palabra expresa que recordara a los activistas. Pero el mensaje estaba claro. Personas de Open Arms y de Sea Watch, consultadas por este periódico, confirmaron que ninguna de sus organizaciones estaba representada en la homilía.

Con los «descartados»

Durante las peticiones de los asistentes, sí que se escuchó pedir al Papa que bendijera «a los socorristas en el Mar Mediterráneo» y que hiciera que «el coraje de la verdad y el respeto por cada vida humana crezca en cada uno de nosotros». La ocasión estaba prevista por el sexto aniversario de la visita de Francisco a Lampedusa, el que fue el primer viaje de su pontificado. Con motivo de esta jornada, Bergoglio dijo pensar siempre en los «últimos», a quienes identificó como «engañados y abandonados para morir en el desierto», «torturados y violados en campos de detención», quienes «desafían a las olas de un mar despiadado» y los que son «dejados en campos de una acogida que es demasiado larga para ser llamada temporal».

«Las periferias existenciales de nuestras ciudades están densamente pobladas por personas descartadas, marginadas, oprimidas, discriminadas, abusadas, explotadas, abandonadas, pobres y sufrientes», dijo el Papa, en una frase que define bien su pensamiento. Por el lado pastoral, porque expresa su atención por los favorecidos; y por el social, porque vuelve a apelar a las periferias, en contra del discurso que aboga por cerrar las fronteras. «No se trata solo de migrantes, antes que nada son seres humanos, y que hoy son el símbolo de todos los descartados de la sociedad globalizada», concluyó el Papa su homilía.