La sucesión de Benedicto XVI

«Nos ha hecho reír, ha estado muy cariñoso»

La Razón
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El cardenal y vicario de Roma, Agostino Vallini, abandonaba sonriente el Aula Pablo VI del Vaticano. Con un breve saludo se alejaba de las decenas de periodistas que se agolpaban en la puerta. Todos queríamos saber qué imagen había transmitido Benedicto XVI ante la Iglesia romana, qué mensajes les había enviado. Los que optaban por enfrentarse a la Prensa repetían: «Se le ve muy sereno, por fin se nota que está en calma, más relajado. Ayer, durante la celebración del Miércoles de Ceniza se le notaba más tenso», comenta Sergio Moreno, un sacerdote de Jerez de la Frontera que estudia Filosofía en la Universidad Gregoriana de la capital italiana. Comparte con un grupo de sacerdotes mexicanos la misma sensación: «Hoy le hemos visto como un padre preocupado por sus hijos nos miraba con cariño». Durante 45 minutos, «el Papa nos ha dado una lección ejemplar, ha demostrado lo bien que se conoce el Concilio Vaticano II», añade el padre Aaron Palma, de México. Otro de los puntos que ha abordado el Santo Padre y que les toca especialmente a los sacerdotes es la necesidad de lograr una unión más fuerte entre ellos. Pedro Madrid, también de origen mexicano, insiste en la parte del discurso que ponía de relieve la importancia de «buscar una Iglesia más cercana a otras religiones como el islam». El padre Fabio abandonó hace ocho años Brasil para instalarse en el punto neurálgico de la religión católica, el Vaticano. Este monje carmelita trabaja mano a mano con las nuevas generaciones, «me ocupo de formarles», por eso abandona la Plaza de San Pedro con una sonrisa. Las palabras del Papa le ayudarán en su labor. «Nos ha dado una lección sobre cómo interpretar el Vaticano II y evitar los peligros de los extremismos», explica. A Fabio no sólo le ha gustado la lección de Teología que les ha dado el obispo de Roma, lo que le hace sonreír es la forma de expresarse, su cercanía. «Toda su catequesis era un mensaje y nos ha hecho reír en varias ocasiones». Una de las anécdotas con las que Fabio se ha divertido más es la que relata el origen del esquema del Concilio Vaticano II: «No sabíamos que había sido obra de Joseph Ratzinger y que él estaba convencido de que no lo aprobarían. Pero, así fue». Carlos Heredia, otro de los asistentes al encuentro, lleva sólo tres años en la Ciudad Eterna pero reconoce en el gesto del Santo Padre el cansancio de los últimos años: «Le admiro mucho y es normal que se sienta agotado; sabe que se necesita mucha salud física y mental para poder con el gran peso que tiene encima. Y hoy, después de su anuncio del lunes, le he visto con ojos de esperanza». Y es que, como apunta el padre Fabio, «hay que ser muy valiente, muy libre y estar intelectualmente preparado para tomar la determinación de renunciar». Después de este último encuentro, ¿qué espera el clero del futuro? «Sólo deseo que Dios coloque a alguien que nos sepa guiar», añade el padre Heredia.