Récord del Papa con los movimientos eclesiales

El Santo Padre saluda a Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal
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El Papa Francisco logró ayer batir su récord de participantes en una ceremonia religiosa con las 200.000 personas, en su mayoría pertenecientes a los Movimientos eclesiales, que acudieron a la vigilia de oración celebrada con motivo de la solemnidad de Pentecostés y del Año de la Fe. La multitud de peregrinos llegados desde más de 150 países diferentes rebosaba la plaza de San Pedro y se desparramaba por las calles aledañas, llenando la mitad de la Vía de la Conciliazione. El máximo número de participantes a una celebración de Francisco se había alcanzado hasta ahora en la Eucaristía del 19 de marzo con la que inició oficialmente su pontificado.

Antes de presidir la oración de cierre con su bendición apostólica, el obispo de Roma respondió durante unos 40 minutos a las preguntas que le hicieron representantes de los Movimientos, nuevas comunidades y asociaciones laicales que este fin de semana están teniendo en el Vaticano todo el protagonismo. El Papa, que conocía las preguntas con antelación, respondió improvisando, sin leer documento alguno. En sus respuestas, el Pontífice volvió a hablar de la importancia de que la Iglesia sea pobre. Recordando el «midrash» (historia) hebrea sobre la construcción de la Torre de Babel, en cuyas obras «era un drama si se caía un ladrillo, pero si el que se caía era un trabajador no pasaba nada», advirtió que ahora nos encontramos ante situación similar. «Si se reducen las ganancias de los bancos es una tragedia, pero si la gente se muere de hambre no ocurre nada. Ésta es nuestra Iglesia hoy», destacó Francisco, subrayando una vez más que «el testimonio de una Iglesia pobre y para los pobres va contra esta mentalidad».

«Dios siempre nos espera»

La primera pregunta que le hicieron al Papa era sobre cómo construir una fe sólida. El primer Pontífice latinoamericano echó mano de sus recuerdos familiares al contar que fue su abuela la que le legó la fe. «Mi abuela nos enseñaba el catecismo y nos llevaba de procesión con velas. Fue ella la que me dio el primer anuncio cristiano». Para el obispo de Roma, este ejemplo muestra que Dios «nos pone siempre a nuestro lado» a personas que nos ayudan a recorrer «el camino de la fe». También explicó cómo sintió su llamada al sacerdocio: «Era el 21 de septiembre del 1953 y yo tenía casi 17 años. Me encontré con un cura que no conocía y sentí la necesidad de confesarme. Me encontré con alguien que me esperaba desde hace tiempo. Tras la confesión, no fui más el mismo. Era la llamada al sacerdocio».

Estos ejemplos demuestran para el Papa que «Dios siempre nos espera». Los «enemigos más grandes» para llegar a Él son «la fragilidad y el miedo». «Pero si vas al Señor, no puedes tener miedo. El hecho es que si pensamos de salir adelante solos las cosas no funcionan. Cuando tenemos demasiada confianza en nosotros es precisamente cuando somos más frágiles», advirtió. El Pontífice, con su habitual espontaneidad, provocó las sonrisas entre los presentes al hacer una confesión: «A veces me duermo delante del Señor, pero Él me entiende». En su alocución, también destacó que hay hoy «más mártires que en los primeros siglos de la Iglesia» y que el martirio no es «una derrota, sino el testimonio en más alto grado».