«Estamos trabajando con robots que dan de comer, visten y ponen los zapatos»

Carme Torras, profesora de Investigación en el Instituto de Robótica (CSIC-UPC), explica las realidades, las promesas y los riesgos de la IA y la Robótica. «En un mes probaremos robots con personas con alzhéimer», avanza

Horas antes de que asista a un debate sobre las «Matemáticas en los nuevos avances en robótica», organizado por la Real Sociedad Matemática Española y la Fundación Ramón Areces, la investigadora Carme Torras nos explica cuáles son las realidades, las promesas, los riesgos y las asignaturas pendientes de la IA y la Robótica. ¿En qué aplicaciones en el plano asistencial está trabajando?

-Tenemos un laboratorio con dos habitaciones, un dormitorio y una sala de estar, en las que probamos cuatro aplicaciones. Una de ellas da de comer a personas con movilidad reducida. Despierta mucho interés porque beneficia tanto al cuidador, que hoy se convierte en una máquina a la hora de dar de comer cuando con el robot tendría más tiempo para cubrir las necesidades psicológicas y afectivas del paciente, como para este último, ya que es más digno y menos incómodo que te esté dando de comer una máquina que controlas tú que un cuidador o un hijo.

-¿Cómo lo hace y cuánto tarda?

-El brazo robótico lleva una cámara incorporada y da de comer a la persona cuando ésta abre la boca. Si el paciente se gira o se pone a hablar el robot se espera. Es rápido, hablamos de segundos.

-¿Y las otras aplicaciones?

-Una de ellas manipula ropa. En la robótica industrial clásica se manejan objetos rígidos, que con tres grados de libertad de posición y otros tres de orientación quedan fijados. En cambio, con la ropa hay infinitas configuraciones. Si se logra una manipulación versátil se abren numerosas posibilidades. Nosotros hemos planteado tres. Robots de ayuda a vestir: poner chaquetas, camisas y camisetas, y también poner zapatos, porque a las personas mayores, aunque estén bien, les cuesta mucho. Otra de logística hospitalaria: recoger toallas, doblarlas, sacarlas de la lavadora, hacer camas... y otra para la logística inversa en la venta por internet, ya que las prendas devueltas llegan en una caja de cualquier modo y hay que colgarlas o doblarlas, meterlas en bolsas...

-¿Qué resulta esencial en robótica asistencial?

-En todas estas aplicaciones los robots hablan, ya que es muy importante que el usuario esté informado de lo que va a pasar, «ahora voy a ponerte el zapato en el pie izquierdo ¿puedes levantarlo?». Y si el individuo quita el pie, el robot le dice «veo que te has asustado, ¿voy más despacio?». En robótica asistencial la comunicación persona-máquina es muy importante, bueno toda la interacción porque la física también lo es. Han de ser robots muy seguros porque, al estar en contacto con las personas, no podemos correr el riesgo de que hagan daño.

-¿De qué tamaño de brazos robóticos estamos hablando?

-Te puedo enseñar vídeos.

-(Los prototipos son bastante grandes, pero luego se miniaturizarán. Vemos el que da de comer a un estudiante, más rápido de lo que uno piensa y cómo, cuando un alumno le hace la broma de sujetar la cuchara, el robot se espera, el que pone bufandas, el que aprende cómo se mueve una persona que recoge cosas para que sea fácil de programar y no tengan que estar constantemente metiendo códigos).

-Mira, este otro es para hacer terapia cognitiva a personas con discapacidad mental leve porque con la Fundación ACE, dedicada al cuidado de personas con alzhéimer y otras demencias, se programa el nivel de dificultad de juego adecuado para ver si el paciente evoluciona bien o pierde capacidad. Además, cada brazo robótico guarda los registros de cada paciente a lo largo de meses y años, lo que puede ayudar mucho a ajustar el diagnóstico y el tratamiento incluso.

-¿Cuándo estará en residencias?

-Ya mismo porque la interacción no es tan difícil, simplemente tiene que coger unas piezas (como de un juego de mesa) que son rígidas. Y cuando digo ya me refiero a que el mes que viene se van a hacer las pruebas con pacientes en la fundación.

-¿Cuándo será una realidad en las residencias?

-En un par de años, porque la tecnología ya está. Lo que va a tardar un poco más son los robots de interacción física (de ayuda a vestir), porque requiere de una seguridad intrínseca, que hayan pasado todos los controles como si de instrumental médico se tratase.

-¿Cuándo tendremos robots que te hacen la cama o te visten en casa?

-En 30 años aproximadamente.

-¿Cuál querría usted?

-Todo robot que me quite tareas que no me gusta hacer y que me proporcione tiempo para hacer lo que yo quiera, como fue en su día la lavadora. En mi caso que compraran por mí y a mi gusto.

-¿Cuál no tendría?

-El Siri yo no lo utilizo. Todo lo que conlleva una invasión de la intimidad no me gusta. Pero hay que entender que soy muy aficionada a la ciencia ficción y este tipo de «robots» para mí es como tener un espía en casa.

-¿Su mayor temor con la robótica?

-Que se utilicen de forma indiscriminada con niños porque uno de los principios básicos es que los robots no engañen, que no parezcan humanos. El problema es que los niños se van a creer que son seres vivos y que podrán jugar siempre a lo que ellos quieran sin tener que negociar con otros niños. Esto tiene el riesgo que en el estadio de desarrollo del niño si no aprende la empatía ¿cómo va a tener esta habilidad en el futuro? Y luego otro problema es el uso indebido de padres que piensen que ya está el robot niñera para leerles cuentos, etc.

Escritora y maestra de roboética

En septiembre publicará «Queridas máquinas», un conjunto de relatos que «plantean temas éticos en realidad virtual, tecnología médica, en todo tipo de máquinas pasadas, presentes y futuras que nos asisten». Un campo, el de la roboética, que trata de fomentar desde que le pidieron que completase su novela «La mutación sentimental» con una guía para la enseñanza de «ética en robótica social e IA». «Falta formación en este campo y es clave que los que están desarrollando esta tecnología sean conscientes de los problemas que pueden generar programas tipo «Deep learning» o el «Big data», ya que pueden perpetúan sesgos y prejuicios», explica Torras, que incide en que «se debería impartir esta materia como asignatura, especialmente en las carreras tecnológicas».