100 años después, otro Semprún en el centro de la pandemia

El bisabuelo luchó contra la mortandad de la gripe española, la bisnieta, contra la del Covid-19

El general Eduardo Semprún y Semprún fue médico militar, inspector general de los Servicios Sanitarios del Ejército, director del Hospital Militar de Madrid y director del Instituto de Higiene de Sanidad MilitarVariosVarios

Comenzó en 1918 y duró hasta 1920, tiempo durante el cual quitó la vida a unos 40 millones de personas en todo el mundo. Hablamos de la mal llamada gripe española (pues el primer caso fue reportado en EE UU), la más devastadora pandemia en la historia de la humanidad. Sólo con pensar lo que a día de hoy, nada menos que cien años después, está provocando la neumonía de Wuhan, como se llamó en un principio al Covid-19, se nos ponen los pelos de punta ante lo que debieron afrontar nuestros bisabuelos con una infección que, sólo en España y en la segunda oleada, se llevó 100.000 vidas, sin confinamientos ni UCIS modernas.

Reza el dicho que es en las peores batallas donde se miden los mejores guerreros, y, en ambas, con un siglo de diferencia se batieron dos Semprún. Médicos unidos por la sangre, separados por el tiempo, pero con un reto igual de impresionante.

La Familia Semprún lucha contra la pandemiaVariosVarios

El general Eduardo Semprún y Semprún fue médico militar, inspector general de los Servicios Sanitarios del Ejército, director del Hospital Militar de Madrid y director del Instituto de Higiene de Sanidad Militar. Un recorte de periódico del 4 de enero de 1920 recoge cómo, junto con el doctor Col, el doctor Semprún, a modo de Fernando Simón, informaba a la población de lo que se sabe de la gripe, las investigaciones en curso y las recomendaciones de higiene personal, distancia social y limpieza para evitar la propagación de los contagios. Un consejo que hoy nos resulta tristemente familiar.

Ángeles Semprún, su bisnieta, es responsable de catástrofes y situaciones especiales del SUMMA 112 y en estas últimas semanas se las ha tenido que ver con el nuevo coronavirus. Ya desde la crisis del ébola, entrenaba con el equipo de riesgos biológicos cada 15 días, en coordinación, también, con el Carlos III, y desarrollaba simulacros de emergencia con las unidades de la UME desplegadas por España. Pero seguro que nunca se imaginó que la hipotética catástrofe llegaría a tener las dimensiones de esta pandemia. «El entrenamiento es muy importante y se ha notado», asegura con orgullo. No por nada de su equipo de alrededor de 40 personas ha habido tan solo un caso de contagio «y no achacable al trabajo», reseña.

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Encargada de logística en Ifema

Su prueba de fuego al frente de las catástrofes y situaciones especiales de la Comunidad de Madrid (al frente del que está desde 2015) fue la «crisis» del virus de Crimea-Congo causada por garrapatas en el verano de 2016. En cuanto a su labor en la presente crisis, «nos dedicamos a trasladar a los pacientes críticos de hospitales de menor capacidad a otros con una mayor, y de los públicos a los privados, primero y después haciendo el retorno a la inversa», cuenta. Hasta que se decidió montar el hospital de campaña de Ifema. Fue entonces cuando le encargaron del almacén de emergencia junto con los bomberos de Madrid, hasta que se pasó la responsabilidad de la gestión a una empresa privada de logística.

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Entre los momentos más duros vividos destaca «un traslado a un hospital de un paciente intubado. El centro estaba supersaturado (antes de Ifema) y ver las urgencias cómo estaban me impactó muchísimo», asegura. Pero también tiene buenos recuerdos: «La solidaridad ha sido impresionante, y el trabajo en equipo: Samur, AP, hospitalaria, Sermas, SUMMA 112... muy emocionante. Y los pacientes increíbles». A su bisabuelo no lo conoció, pero sabía que había sido médico y que llegó a trabajar con el eminente Ramón y Cajal. «De que estuvo trabajando cuando la gripe española me he enterado ahora», cuenta.

Él, en una entrevista concedida al diario «ABC» y preguntado sobre cuál consideraba su labor científica más meritoria respondía: «Considero la más útil haber creado en el Instituto Técnico de Higiene de Sanidad Militar, el primer laboratorio de control que ha existido en España, privando así a los microbios del billete de libre circulación que disfrutaban para todo el reino». Una iniciativa que, un siglo después, quizás haya ayudado a su bisnieta.

INVENTOR DE LA AGUJA TROCAR
El doctor Eduardo Semprún estudió Medicina en Sevilla y fue alumno preferido del eminente doctor Federico Rubio y Gali. Fue el organizador del I Congreso Nacional de Cirugía, dirigido por Santiago Ramón y Cajal. Profundizó sus estudios en Francia, Suiza, Alemania e inventó la aguja Trocar para inyecciones intravenosas y la elaboración de un suero anti-gangrenoso. Sus investigaciones sobre los tratamientos curativos de la tuberculosis y el cáncer le hicieron merecedor de numerosas distinciones como la Cruz y Placa de San Hermenegildo y la Gran Cruz Blanca del mérito militar.