Intervalos breves de actividad para prevenir la fragilidad en mayores

Un minuto de interrupción del tiempo sedentario, caminando o subiendo o bajando escaleras, es suficiente para mejorar su estado de salud, según un estudio.

La población mayor de 65 años aumenta progresivamente y, con ella, el elevado número de personas que sufren o están en disposición de sufrir el síndrome de fragilidad, asociado habitualmente a mayor riesgo de discapacidad, hospitalización y mortalidad. Las estrategias para mejorar su calidad de vida, para que funcionen, deben ser sencillas de aplicar y de mantener en todos los rangos de edad; y un minuto de interrupción del sedentarismo, con actividades como subir o bajar escaleras, caminar o hacer sentarse y levantarse varias veces del sofá (movimiento típico de sentadilla), puede ser suficiente para prevenir la progresión hacia la fragilidad en las personas mayores. Así lo ha puesto de manifiesto una nueva investigación llevada a cabo por el Centro de Investigación Biomédica en Red: Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERFES) y el Complejo Hospitalario de Toledo (SESCAM), publicada en The Journals of Gerontology Series A.

“Éste puede ser un enfoque más factible que otros que exigen cambios de conducta con actividades más intensas, y es menos desafiante para los adultos mayores inactivos, los cuales son considerados de mayor riesgo”, explica el investigador del CIBERFES y primer autor del estudio, Asier Mañas. En este sentido, este tipo de intervención podría arrojar resultados exitosos porque, según señala el doctor, se puede romper el tiempo sedentario con una gran variedad de actividades de la vida diaria, sin un alto grado de compromiso y planificación, y con una carga físicamente más baja que no requiere un alto nivel de condición física o habilidades motoras complejas. De este modo, el seguimiento de estas pautas resulta un paso inicial asequible para mejorar la salud en las personas mayores que no cumplen con las recomendaciones de actividad física.

Causa-efecto

Este nuevo trabajo se centró en avanzar en el conocimiento de la repercusión del sedentarismo en la pérdida de funcionalidad, concretamente en la relación causa-efecto entre las rupturas del tiempo sedentario y la fragilidad y viceversa. Para ello, se realizó un seguimiento durante cuatro años a un total de 186 personas mayores de 65 años que forman parte del Estudio Toledo de Envejecimiento Saludable (ETES). En estos pacientes, se midió el número de rupturas del tiempo sedentario utilizando acelerómetros (dispositivos para medir la aceleración y, por tanto, el movimiento). Asimismo, se evaluó el síndrome de fragilidad utilizando la Escala de Rasgos de Fragilidad. Los resultados han revelado que el número de rupturas de los períodos sedentarios pueden predecir la fragilidad futura en los mayores. En los mayores inactivos, el análisis de los datos confirmó que un mayor número de rupturas del tiempo sedentario al inicio del estudio se relacionó niveles más bajos de fragilidad posterior. Asimismo, una menor condición de fragilidad al inicio del estudio les permitió mantener un mayor número de interrupciones del tiempo inactivo con los años. “Por lo tanto, se puede concluir que, en los adultos mayores físicamente inactivos, la relación entre las rupturas de tiempo sedentario y fragilidad es bidireccional”, han zanjado los expertos.

Síndrome de fragilidad

El estado de fragilidad es un síndrome clínico-biológico caracterizado por una disminución de la resistencia y de las reservas fisiológicas del adulto mayor ante situaciones estresantes, a consecuencia del acumulativo desgaste de los sistemas fisiológicos. En consecuencia, tienen un mayor riesgo de sufrir efectos adversos para la salud como: caídas, discapacidad, hospitalización, institucionalización y muerte. En España, la prevalencia de fragilidad del 27,3% y, de prefragilidad, del 50,9%, en los mayores de 65 años.