La esclerosis múltiple no eleva el riesgo de tener Covid-19

Las personas con EM infectadas por SARS-CoV-2 no presentan peor pronóstico

La esclerosis múltiple (EM) es una de esas enfermedades de las que muchas personas ya han oído hablar, pero que continúa siendo una gran desconocida. Sin embargo, en el campo de la ciencia y la investigación, por fortuna, hace años que se convirtió en una compañera de viaje habitual, hasta el punto de que, aunque no existe cura para derrotarla, ya es posible convivir con ella con una buena calidad de vida para los pacientes.

Así se ha vuelto a poner de relieve en la celebración, hace unos días, del 8º Congreso Actrims-Ectrims, la cita internacional más relevante en el ámbito de la EM, que en esta ocasión se ha desarrollado en formato virtual. Marcada por la pandemia del coronavirus, la Covid-19 también se ha colado en esta convocatoria a través de nuevos estudios que han analizado la vulnerabilidad de las personas con EM en tratamiento por esta enfermedad ante la infección por SARS-CoV-2.

«Al comienzo de la pandemia pensamos que este tipo de pacientes iba a presentar más fragilidad frente al virus por su condición de enfermos crónicos, pero se ha demostrado que no es así a través de varios estudios realizados en Italia, Francia y también en España. El riesgo de contagiarse es el mismo que en la población general y, en caso de infección, su pronóstico tampoco resulta más grave», asegura Celia Oreja-Guevara, jefe de sección de Neurología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, quien hace hincapié en que «se ha corroborado con estudios que los nuevos tratamientos para la EM no han elevado las complicaciones en aquellos pacientes que han sufrido la Covid-19 mientras empleaban estos fármacos, que han demostrado ser muy seguros».

Convivir con esclerosis múltiple

La EM es una enfermedad crónica, inflamatoria y autoinmune que afecta al sistema nervioso central y representa la segunda causa de discapacidad en adultos jóvenes en España, sólo superada por los accidentes de tráfico. «Las formas recurrentes de EM (EMR), es decir, aquellas que aparecen en forma de brotes que impiden de forma repentina, por ejemplo, ver por un ojo, mover la mano o sentir un pie, son las más frecuentes, hasta el punto de que suponen cerca del 85% de los casos diagnosticados», detalla la doctora Oreja-Guevara. Se trata de episodios pasajeros que, al igual que llegan, vuelven a ocultarse, aunque, tal y como reconoce la neuróloga, «la patología, en sí misma, no desaparece».

Todavía no hay cura para la EM, pero la investigación no cesa y el cerco a la enfermedad cada vez es más estrecho, con fármacos muy punteros que son capaces de lograr una rápida eficacia desde las primeras semanas de uso y de manera sostenida en el tiempo. «Cada vez tenemos mejores noticias en este campo. Entre las novedades más prometedoras que también se han dado a conocer en el último congreso están los nuevos resultados de un tratamiento oral cuya administración resulta muy cómoda y sencilla para el paciente, pues se administra sólo unos pocos días al año y con esa pauta es capaz de controlar los brotes durante cuatro años, lo que mejora notablemente la calidad de vida de los afectados, tal y como ha puesto de manifiesto el estudio MAGNIFY-MS», explica la doctora Oreja-Guevara.

Gracias a avances como estos, la vida de los pacientes con EM nada tiene que ver a lo que sufrían años atrás. «Ahora, un diagnóstico precoz y un tratamiento ajustado nos permiten tener una visión integral de la patología y controlarla casi sin presentar síntomas de discapacidad aparentes, lo que permite a los pacientes vivir con la EM como una condición, y no como una enfermedad que les limite, ya que gracias a los nuevos tratamientos pueden mantener su carrera profesional y hacer una planificación familiar, todo ello arropado por el apoyo psicológico y emocional que en la mayoría de casos resulta vital», reconoce David Sánchez Matienzo, director de Neurología de Merck, compañía embarcada desde hace más de dos décadas en la investigación en esta patología con resultados muy esperanzadores.

Borrar el estigma social

A pesar de que la EM es una enfermedad de la que cada vez se habla más (la influencer María Pombo confesó hace meses que la padece), el estigma social sigue muy presente por la falta de información. Por ello, plataformas específicas como la página web www.conlaem.es desde la que se aporta normalidad son un referente para los afectados, pero también para el resto de ciudadanos.