Medio Ambiente

De la adicción al sol a la heliofobia

Algunos protectores trasladan la sensación de estar falsamente protegidos y llevan a la gente a permanecer durante horas bajo el sol

Bandera negra a la crema solar
Bandera negra a la crema solarlarazon

Imaginemos una playa con miles de personas cada una de ellas embadurnándose con protector solar. Imaginemos a todos entrando y saliendo del agua, y volviendo a ponerse más crema. Lo que parece normal, resulta que es una actividad contaminante, al liberar cada individuo un 25% de componentes de esos protectores. Compuestos como la oxibenzona, la avoben-zona, el octisalato y el octilmetoxicinamato, amén del óxido de zinc y dióxido de titanio, son químicos que actúan como barrera, pero dañan los mares.

¿Cómo protegernos entonces de las consecuencias dañinas del sol?. Con un cambio de cultura. Estar 8 horas bajo el astro rey en una playa no tiene sentido. Las soluciones naturales son las de toda la vida: la sombra, proteger la piel con ropa, llevar siempre sombrero, evitar la exposición prolongada, utilizar protectores naturales como la rosa mosqueta, el aceite de germen de trigo, el de aguacate o coco. Son naturales y biodegradables. No contaminan. Aunque no están pensados para permanecer horas bajo el sol, como hacen los adictos al bronceado.

Hay mucha leyenda sobre el sol. Hay quien dice: no te expongas nunca al sol. Error. El sol es necesario para producir vitamina D, esencial para nuestros huesos. Las cremas impiden la entrada de vitamina D. Por eso hay que tomar sol cada día unos minutos sin protección. Diez es lo ideal, veinte son mucho, hasta adquirir cierto tono levemente rosado. Pero no más. Lo siguiente es quemarse y exponerse al melanoma.

Hasta hace poco tiempo la mayoría de los protectores solo bloqueaban la radiación UVB, que provoca quemaduras, dando la sensación de que podíamos exponernos un tiempo ilimitado, pero sin proteger de la radicación UVA, que aumenta el riesgo de arrugas, envejecimiento cutáneo y cáncer. Tales protectores trasladaron a muchas personas la sensación de estar falsamente protegidas. No se quemaban, pero su piel envejecía.

Hay que huir del exceso. Ni heliofobia ni adicción al broceado. Una cosa y la otra son malas. La fobia al sol ha llevado a una epidemia de falta de vitamina D a nivel global. Las consecuencias para la salud son terribles. La adicción nos provoca exposición exagerada, que nunca es buena, y menos menos para el medio ambiente.