La odisea para cobrar El Gordo de la Lotería

Dicen que ganar el primer premio es misión imposible, pero más complejo es conseguir que el dinero llegue a tu cuenta corriente

Uno de los agraciados con el gordo de la lotería de navidad, Santiago Palazón, muestra el décimo premiado junto al obrador donde lo compró. EFE/Marcial Guillén
Uno de los agraciados con el gordo de la lotería de navidad, Santiago Palazón, muestra el décimo premiado junto al obrador donde lo compró. EFE/Marcial GuillénMarcial GuillénEFE

Dicen que la probabilidad de ser el afortunado del mayor premio de la Lotería es de un 0,001 %. Vamos, imposible. Pues bien, yo he sido uno de ellos. El azar ha querido que Doña Manolita inundara de billetes mi cuenta corriente. El bendito 26.590 llegó a mi vida sin avisar. Mejor dicho, sin ser esperado. Pero, mientras tomaba café con mi chico, recién levantados, llamó mi madre: “Qué nos ha tocado”.

Lo primero que a uno se le pasa por la cabeza es “cuánto”. Pues un décimo por familiar y cabeza. Vamos, 400.000 para cada uno, con la consabida quita de Hacienda que nos lo dejará en 320.000. Pasado el susto, la euforia y los malos augurios que todos dicen puede llegar tras un ingente golpe de suerte como éste decidí ir a cobrarlo y es ahí cuando comenzó la verdadera odisea. Sinceramente, es más sencillo que te toque la lotería que cobrar el décimo premiado.

Para empezar, hay que averiguar el proceso para cobrarlo. Los premios por importe inferior a 2.000 € pueden “canjearse” en cualquiera de los puntos de venta de lotería. Es decir, en las administraciones. Pero si se ha sido agraciado con un premio mayor o igual a 2.000€, hay dirigirte a una de las entidades financieras autorizadas por SELAE para cobrarlo. Pues bien, en no todas las entidades bancarias trabajan con Loterías y Apuesta del Estado, así que lo primero es qué banco que no esté muy alejado de mi casa tiene acuerdos con la empresa estatal de loterías: Bankia, BBVA, Sabadell y Caixa Bank son algunas de ellas. Yo no tengo cuenta en ninguna de ellas así que la siguiente pregunta es: ¿Y ahora qué?

Llamo a una de ellas, me dicen que si no tengo cuenta con ellos debo de abrirme una, y que, por consiguiente, tendré que mantener esa cuenta con dinero suficiente durante todo el año porque si no me cobrarán comisión. Vamos, que eso de abrir la cuenta, que me ingresen mi dinero y llevármelo a mi banco, nada de nada. Visito otra de las anteriormente mencionadas y el hombre de la caja me dice que no es posible realizarlo, que no hay apoderado (porque está de vacaciones). Parece que si no se es cliente de ellos nadie quiere canjearlo. Eso sí, enseguida me empiezan a comentar el mejor modo de invertirlo con ellos... y que me haga cliente.

Tercer día, voy a otro de los bancos, allí me dicen que “lo van a intentar”, pero que no es sencillo. Me piden el décimo, mi DNI y el certificado de la cuenta en la que quiero ingresar el dinero. Pasa media hora y otro compañero de la oficina se acerca a “echar una mano”. Pero no consiguen hacerlo. “Parece que el sistema falla”, me dicen. Siguen otra media hora intentándolo y nada. Me devuelven mis documentos y mi décimo y me dicen que regrese mañana. Es viernes, han pasado seis días desde que me tocó y todavía me ha sido posible cobrarlo.

Acudo a otra oficina de un cuarto banco “colaborador” de SELAE. Allí parece que ponen menos pegas, al menos no me obligan a abrirme cuenta con ellos. Me dice que si quiero un cheque. Digo que no me resulta cómodo ir por la calle con esa cantidad de dinero, que mejor transferencia. Aceptan, comienzan las gestiones y.... ¡Por fin parece que toda marcha! Realizan los trámites oportunos, se quedan con el décimo original (“no podemos dártelo porque tenemos que enviarlo por valija a SELAE”, dicen) y me confiesan que esto es “confianza ciega”, que al día siguiente lo tendré en mi cuenta.... Todavía estoy esperando. ¿Llegará El Gordo a mi cuenta?