Otros inventores que murieron probando sus propias creaciones

Mike Hughes moría después de lanzarse en un cohete casero para demostrar que la Tierra es plana, pero no ha sido el único inventor con este final

Imagen del vuelo en cohete que acabó con la vida de Mad Mike
Imagen del vuelo en cohete que acabó con la vida de Mad MikeMercedes BlackehartAP

Hace unos días, Mike Hughes, de 64 años, quien se autoproclamaba “Mad Mike: el mayor temerario del mundo”, murió mientras probaba un cohete casero que había fabricado para demostrar que la tierra era plana. El paracaídas que carga el cohete no termina de funcionar y el aparato se cae sin freno ninguno, estrellándose contra el suelo del desierto de California, Estados Unidos.

Por desgracia, el caso de Mike Hughes no ha sido el único. Otros muchos inventores han acabado trágicamente mientras probaban sus propias creaciones. Por esta razón, vamos a hacer una recopilación de todos ellos y los inventos que les llevaron a su tumba.

El coche volador

Uno de los primeros coches voladores
Uno de los primeros coches voladores

Todos hemos imaginado alguna vez una ciudad del futuro con coches voladores que circulan entre los enormes rascacielos. Es el sueño de todo inventor y de más de un amante de la ciencia-ficción (o de la tecnología). Han sido numerosas los intentos de fabricar estos vehículos voladores, que realmente ya existen, aunque no se comercializan. Una especie de híbrido entre helicóptero, coche y avioneta. Los problemas de circulación, la viabilidad económica y la contaminación son algunos de los temas que no permiten un mayor uso de estos vehículos.

De cualquier forma, Henry Smolinski desarrolló entre 1971 y 1973 uno de los primeros prototipos de coches voladores. Se trataba de una mezcla ente un Ford Pinto y un avión que no tenía prácticamente posibilidades de volar. Y, por desgracia, así fue. Durante el vuelo, el orgulloso inventor perdió el control del vehículo mientras trataba de girar, lo que provocó un accidente que se estrellase y se incendiase, muriendo Smolinski.

El Taxi-Jet

Imagen del prototipo que se estrelló
Imagen del prototipo que se estrelló

Hace poco más de diez años, un piloto británico, llamado Michael Robert Dacre, murió en un accidente en Malasia mientras realizaba un vuelo de prueba de su “taxi volador” experimental conocido como Jetpod. Si antes hablábamos de coches voladores, ¿por qué no de taxis-jet? La idea era crear un medio de transporte que evitase atascos o grandes retenciones en ciudades de mucho tráfico como Nueva York o Tokio. El precio oscilaría entre 40 y 50 euros por trayecto, pero permitiría cruzar todo Londres en apenas cinco minutos.

Este peculiar invento no logró despegar después de tres intentos. No sería hasta la cuarta vez cuando Dacre logró arrancarlo y elevarlo a los cielos, bueno apenas fueron 600 metros. Desafortunadamente, el vehículo no logró planear y acabó desplomándose sobre el suelo, matando instantáneamente al piloto.

El Titanic: “El barco que ni Dios podría hundir”

TITANIC
Imagen del gigantesco barco apenas saliendo del puertoAP

Posiblemente sea de todos los inventos de esta lista el que más tengamos en nuestra cabeza. Porque a pesar de lo que parezca, sí es que aún lo parece, el Titanic fue un inventos de escalas gigantescas, que pretendía deslumbrar a la sociedad a comienzos del siglo XX. Su principal reclamo era que insumergible. Se llegó a decir que “Ni siquiera Dios podría hundir este barco”.

Su viaje inaugural se produjo en 1912, donde la gente más adinerada del momento pagó un auténtico dineral para poder disfrutar de alguno de los camarotes destinados a albergar a más de 1200 pasajeros. Y aunque actualmente hay barcos de mayor tamaño que el Titanic, no deja de ser sorprendente la magnitud de éste, especialmente si pensamos que se trata de un barco de la primera década del siglo XX.

Su nacimiento y su final fueron muy juntos, ya que el mismo día que navegó un enorme iceberg rajó parte del casco, provocando que el agua entrase en los pasillos y hundiendo el barco en unas horas. Murieron más de 1500 personas, entre ellos el diseñador jefe, el arquitecto Thomas Andrews Jr.

Sangre joven para rejuvenecer

El ruso que hizo una transfusión de sangre para rejuvenecer murió por varias enfermedades
El ruso que hizo una transfusión de sangre para rejuvenecer murió por varias enfermedades

Otra de las grandes aspiraciones en el mundo científico es lograr la eterna juventud. Reducir al máximo las consecuencias del paso del tiempo. Una aspiración que aunque todavía sin solución, sí que ha habido avances en este aspecto. Inyecciones, cremas, alimentos, y un largo etcétera, que tratan de paliar el paso de los años.

No es algo nuevo, ya que desde la Antigüedad se ha buscado este objetivo. Uno de estos científicos fue el ruso Alexander Bogdanov, que pensaba que había encontrado la respuesta a la eterna juventud. Su idea no fue otra que la de transfundirse sangre de gente más joven. No cabe decir que fue un auténtico fracaso, principalmente porque con la sangre también adquirió enfermedades como la malaria y tuberculosis. Eso sí, según afirmó él mismo, perdió cabello y mejoró su visión. Bogdanov murió en 1928, con 54 años.

El planeador

Otto Lilienthal, pionero de la aviación, durante una de las demsotraciones
Otto Lilienthal, pionero de la aviación, durante una de las demsotraciones

Desde que el hombre es hombre, uno de los sueños que siempre se ha tenido es el de poder volar. Gracias a los numerosos inventos actuales podemos imitar fielmente lo que sienten los pájaros cuando alzan las alas. Pero para llegar aquí, hubo muchos científicos que pasaron años, décadas y siglos desarrollando formas que lleven al hombre a volar. No olvidemos los prototipos de Leonardo Da Vinci, allá por el siglo XVI. En cualquier caso, los grandes avances se vivieron a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Es en 1891 cuando Otto Lilienthalse, también llamado el “padre del vuelo”, convierte en el primer hombre que puede planear, existiendo numerosos documentos que así lo certifican. En total hizo más de 2000 vuelos. Parecía que su invento, basado en poleas que imitaban el vuelo de las cigüeñas, funcionaba sin errores importantes. Desgraciadamente, al igual que el resto de inventores de esta lista, vio su final el 10 de agosto de 1896 cuando su prototipo se detuvo en el aire y cayó desde una altura de casi 20 metros. El resultado fue la rotura del cuello a la altura de la tercera vertebra.

Sus últimas palabras aún retumban: Es necesario que haya sacrificios.