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Cabo primero Raquel López: “No quiero que se vuelva a pedir permiso a un hombre para salvar a su mujer”

Raquel se mueve en, probablemente, dos de los mundos más dominados por los hombres: la salud y el Ejército. Sin embargo, afirma que el cargo de la mujer en ambos campos ya está más que consolidado y recuerda que “fuera de España queda mucho por hacer”.

“Cuidado con el uniforme. Espera, deja que me lo coloque, aquí la uniformidad es clave. Sácame las arrugas también eh”, nos dice Raquel entre risas cuando la cámara se pone en funcionamiento. Es coqueta, cercana, bromista y amante de las flores. “Me encanta plantarlas en mi jardín cuando tengo tiempo”, cuenta encogiéndose de hombros como si nos pillara por sorpresa... La verdad, un poco sí.

Cuando Raquel se pone a hablar de su trabajo no te la imaginas, precisamente, en su jardín floral. Esta madrileña de 42 años es técnico de emergencias sanitarias en la Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue (UMAAD) del Ejército del Aire desde hace 12 años, aunque lleva ya 21 al servicio de las Fuerzas Armadas españolas. La cabo primero ha estado cuatro veces en Afganistán, la primera como voluntaria con 22 años, y otras tres en Yitubi, entre otros destinos.

La cabo primero Raquel López Corrales, técnico de emergencias sanitarias a en la Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue (UMAAD) del Ejército del Aire
La cabo primero Raquel López Corrales, técnico de emergencias sanitarias a en la Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue (UMAAD) del Ejército del Airelarazon

Desde que con tan solo 22 años aterrizara, y nunca mejor dicho, en el antiguo Hospital del Aire, ha llovido mucho. “Ahora cuando estoy en España me encargo de la parte de electromedicina. Revisamos los equipos y los tenemos organizados y listos para los hospitales de campaña”, señala. “Cuando salgo fuera”, hace una pausa nada dramática mientras sonríe (se nota que es lo que de verdad le gusta), “soy el apoyo del enfermero y el médico en las zonas de conflicto”, termina.

Llegamos a la Base Aérea de Torrejón y nos encontramos a nuestra protagonista en plena instrucción, con todo su equipo. Están preparando una de las grandes novedades en Defensa, lo último en estructuras para acercar la cirugía de control de daños al campo de batalla y al combatiente. “Esta tienda se llama Forward Surgical Element. Es un quirófano que se acerca a la zona de conflicto. A veces en operaciones especiales esta cirugía, con la mínima huella logística, nos permite aumentar la supervivencia”, explica Raquel mientras nos enseña y cuenta hasta el último detalle entusiasmada. Escuchándola, puedes notar que disfruta con su trabajo. “Lo mejor de mi profesión es saber que he ayudado a alguien”, resalta la cabo primero. No es de extrañar que apenas tenga dudas con la siguiente pregunta: “¿Un referente? La madre Teresa de Calcuta. Admiro su forma de trabajo”. Y es que esto era lo único que Raquel tenía claro con 19 años: quería ayudar a los demás.

Raquel López Corrales en una de sus primeras misiones
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Se independizó joven, mientras trabajaba en la hostelería y cuidando ancianos. Aunque confiesa que no encontraba su camino, siempre le había entusiasmado la sanidad. “Mi madre y mi tía trabajaron en la Cruz Roja y cuando salieron las plazas del Ejército, a pesar de que no tenía cultura militar, acudí a pedir información”, narra. “Entré y me fui formando. El primer día me desmayé”, se ríe, “pero, sin duda, mi súper universidad fueron las salidas de despliegue en el hospital de campaña de Afganistán”, añade.

De repente, sus ojos verdes empiezan a humedecerse al contarnos que antes de los 45 años tienen que aprobar una oposición en el Ejército para poder quedarse. Tras “dos años muy duros”, estudiando y trabajando al mismo tiempo, nos confiesa que ha aprobado la permanencia. “Ahora tengo consolidación de militar de carrera que para mí es un orgullo muy grande. No quería irme”, termina con la voz entrecortada de la emoción.

El capitán enfermero Manzanares lleva trabajando con la cabo primero tres años en esta unidad, pero también han coincidido en alguna misión: “Ella aquí es toda una institución, lleva más tiempo que ninguno de nosotros y se nota la experiencia”. Su superior destaca que en cuanto al valor humano “Raquel tiene actitud con `, que es la que se debe buscar, y no aptitud con `P´. También lealtad, disciplina y compañerismo”, valores que en el Ejército son, según él, fundamentales.

Una mujer en un mundo de hombres

“Una de las peores cosas de mi trabajo es que a veces tienes que renunciar a parte de tu vida”, sentencia Raquel. Confiesa que ella no ha tenido hijos, pero que no le importa demasiado: “Me compensa lo que hago”. Aunque también avisa: “Hay muchas mujeres en el Ejército que tienen hijos y lo compatibilizan perfectamente”. La cabo no deja ninguno de ellos suelto cuando empezamos a hablar del tema femenino: “Una mujer que decide ser soldado, no deja de ser mujer. A partes iguales cumple con su deber y con su corazón. Ellas como cualquier soldado luchan por un mundo mejor”.

Raquel se mueve en, probablemente, dos de los mundos más dominados por los hombres: la salud y el Ejército. El segundo terminaba el año 2019 con un 12,7 % de mujeres en sus filas. Sin embargo, afirma que el cargo femenino en ambos campos ya está más que consolidado.“No existen diferencias, yo nunca las he sentido. Nosotras tardamos en entrar hasta el año 88 y ellos, pues obviamente, son más. Estamos llegando, nos vamos promocionando y llegaremos todas”, sostiene.

Raquel López Corrales
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Raquel nos explica que aquí la discriminación directa o indirecta, positiva o negativa, está observada y penada. “En el Ejército cuidan la igualdad. Todo está legislado. Existe el Observatorio Militar para la Igualdad y no se les escapa nada”, añade. “Evidentemente, sé que fuera del Ejército hay sueldos más altos para hombres que para mujeres. Eso debe desparecer”. Para Raquel se deben dar puestos directivos a personas que se lo merezcan en función de su preparación y logros, no a hombres o mujeres.

La madrileña nos cuenta que en los sitios donde ella es destinada, como por ejemplo Afganistán, no es que haya discriminación, es que las mujeres directamente van con un Burka y se quedan ciegas. “Cuando me encuentro con esto siento que soy súper afortunada de haber nacido aquí y, por otro lado, siento dolor”. La sanitaria declara que se le hace muy difícil, pero que están obligados a respetar la cultura del paciente. Nos relata como ejemplo una ocasión donde tuvieron que convencer a un hombre para poder operar a su mujer: “Él no quería porque sus heridas ya no la permitirían trabajar en el campo". Para acabar, con sinceridad, y de manera firme, pero de mujer y no de militar, ruega: “Yo al 8 de marzo, y como mujer trabajadora, le pido el poder salir fuera de España y que no se tenga que pedir permiso a un marido para salvar a su mujer en zonas de conflicto”.

Raquel López Corrales durante una operación
Raquel López Corrales durante una operaciónlarazon