Cuando el peligro está en el hospital

En diciembre de 2019, la Comisión Municipal de Salud y Sanidad de Wuhan (provincia de Hubei, China) informó sobre un agrupamiento de 27 casos de neumonía de causa desconocida con inicio de síntomas el 8 de diciembre, incluyendo siete casos graves, con una exposición común a un mercado mayorista de marisco, pescado y animales vivos en la ciudad de Wuhan, sin identificar la fuente del brote. El mercado fue cerrado el día 1 de enero de 2020. El 7 de enero de 2020, las autoridades chinas identificaron como agente causante del brote un nuevo tipo de virus de la familia Coronaviridae, que fue denominado “nuevo coronavirus”, 2019- nCoV. Desde entonces, se ha ido extendiendo progresivamente por todo el mundo. En Europa, los países con mayor número de casos son Italia, con un brote importante concentrado en algunas regiones del norte, Alemania, Francia, y España. Por similitud con otros coronavirus conocidos se piensa que el 2019-nCoV se transmite principalmente por las gotas respiratorias y por el contacto directo con las secreciones infectadas. El periodo de incubación de la enfermedad podría ser de hasta 14 días. El cuadro clínico de COVID-19 es muy amplio comprendiendo desde la ausencia de síntomas, pasando por cuadros de fiebre o antecedentes recientes de fiebre y clínica de infección respiratoria aguda (uno o más de los siguientes síntomas: disnea (falta de aire), tos o dolor de garganta), hasta la insuficiencia respiratoria aguda. La presentación clínica, en general, es inespecífica, siendo común con muchos otros virus, pero especialmente, en sus formas graves, con el virus de la influenza (gripe).

Con el aumento de las áreas geográficas con transmisión sostenida persona-persona es trascendente identificar pacientes con COVID-19 en determinados lugares. Las experiencias con otras crisis como la producida en 2012 por el Coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), o lo ocurrido en este misma epidemia en algún hospital italiano, y algunos españoles, demuestran que una proporción considerable de hasta el 40% de los casos se adquiere en los hospitales, donde se atiende a los pacientes con mayor gravedad y con cargas virales más altas. Aproximadamente 2/3 de los casos de contagios afectan a profesionales sanitarios, lo que puede mermar los recursos humanos disponibles en situaciones de alta demanda asistencial. Por este motivo es de vital importancia identificar y aplicar precozmente las medidas de prevención de transmisión de la infección en el entorno hospitalario.

Actualmente el origen en el 92% de los casos es importado en nuestro país. Y debemos poner todo los sentidos y procedimientos necesarios y posibles para detectar, partiendo de la forma de transmisión que tiene este nuevo virus que puede ser totalmente silente y difícilmente detectable por los sistemas de vigilancia establecidos, de tal forma que podemos tener una trasmisión comunitaria que no conozcamos, y de la altísima prevalencia que se concentra en estos Centros, a posibles casos. Las razones son varias. En primer lugar, por el hecho en sí mismo de la detección de un caso. En segundo lugar, respecto a los pacientes que van a requerir ingreso, porque es de vital importancia su identificación desde el primer momento en los Servicios de Urgencias. Eso evitará posibles contagios a otros pacientes; tanto en las zonas de consultas, si es un caso que no se considera grave, o bien de pacientes que desde el comienzo se consideran potencialmente graves y comparten espacios con otros pacientes en la misma condición; y por supuesto a los familiares de estos pacientes; y, naturalmente, a todo el equipo de profesionales sanitarios que atienden estos servicios, normalmente numerosos, y otros relacionados con ellos. Y en tercer lugar, porque sería catastrófico para ese hospital que ingresara un paciente-caso no identificado. Se pondría en riesgo de contagio a no pocos pacientes ya en situación, por definición, vulnerables, y al resto de personal sanitario del centro, añadiendo a los visitantes y familiares de los pacientes ingresados.

¿Qué podemos hacer y estamos haciendo, o intentándolo al menos? Desde el punto de vista asistencial y de gestión, en las llamadas a los Servicios de Emergencias con perfiles sospechosos y con necesidad de derivación a hospital, partir de la base de que es un caso sospechoso, hasta que se demuestre lo contrario, con todas las medidas necesarias y concurriendo a lugares de aislamiento a su llegada a los Servicios de Urgencias. Igualmente debe ocurrir con los pacientes que acuden por sus propios médicos con un perfil al menos clínico de sospecha. Desde el momento cero, deben estar separados del resto de pacientes, con procedimientos claros y salida precoz hacia habitaciones de aislamiento del propio hospital, agrupando estos pacientes, de forma coordinada con los servicios de Medicina Interna o, si es necesario por extrema gravedad, con las Unidades de Cuidados Intensivos.

Las medidas de autoprotección de los profesionales una vez reconocida una sospecha, pasan por ser estricto en la utilización del equipamiento habilitado, y respetar los procedimientos establecidos, que deben ser explicados y conocidos por sus responsables. Respecto a la población general, va ser necesaria, imprescindible, su colaboración, desde pedir consejo en los teléfonos habilitados por las consejerías de sanidad, avisar de posibles síntomas al médico que lo atiende, utilizar estos servicios por motivos realmente necesarios, tratar de evitar el tránsito en estos Centros, y comprender todas las restricciones y medidas que se están tomando para asegurar la tasa de bajo contagio, incluso con pacientes allegados.