Educación

El fracaso escolar, otra de las secuelas del coronavirus

Los docentes creen que hay hasta un 15% más de suspensos con la enseñanza online y un aumento del absentismo en la FP. Son los efectos de la semipresencialidad por la pandemia. Pero el Consejo Escolar del Estado replica que todo eso solo son «prejuicios»

Varios alumnos esperan antes de entrar al colegio Arcángel Rafael el día de la reapertura de los centros educativos tras la gran nevada registrada por el paso de ‘Filomena’, en Aluche, Madrid
Varios alumnos esperan antes de entrar al colegio Arcángel Rafael el día de la reapertura de los centros educativos tras la gran nevada registrada por el paso de ‘Filomena’, en Aluche, MadridEduardo Parra Europa Press

Son las 8:30 de la mañana y Susana Hernández, profesora del ciclo de FP de Cocina y Restauración en un instituto público de Madrid, pasa lista de forma virtual a los alumnos de la asignatura Técnicas Elementales de Preelaboración.

–¿Elena G.? (nadie responde). La profesora vuelve a insistir. Unos segundos después se escucha una voz al otro lado de la pantalla.

–Sííí.

–Elena, ¿por qué no conectas la cámara?

– Profe, es que tengo muy mal el pelo.

– ¿Y qué importa, si aquí estamos en confianza? Anda, enciéndela.

La estudiante obedece y, para sorpresa de la docente, se conecta en la cama con su novio, alumno también del mismo curso.

No es el único caso chocante que se ha encontrado Susana Henández. Otros han «asistido» a las clases virtuales mientras estaban en el parque con los amigos, cuando paseaban al perro, cuidaban del hermano pequeño porque los padres trabajaban o mientras tiraban la basura. La casuística es variada. «También hay ausencias que tienen que ver con circunstancias muy particulares. Uno me contó en privado que no se sentía con ánimo de encender el ordenador porque sus padres acababan de perder el trabajo y lo estaban pasando mal».

Situaciones como éstas ocurren todos los días en los centros educativos que han apostado por la formación semipresencial por la Covid-19 con todos los beneficios y perjuicios que la adaptación al nuevo sistema de forma apresurada ha llevado a alumnos y profesores. Los docentes se han visto obligados a hacer un esfuerzo titánico al verse envueltos en una verdadera revolución pedagógica para hacer frente inexorablemente a los desafíos que exigen los nuevos tiempos. Ahora el reto es mayor: captar la atención de un alumno a través de un ordenador y trasladar conocimientos frente a adversarios como el móvil, Instagram, WhatsApp, los vídeos o la serie de turno con la que se evaden cuando la clase no es lo suficientemente interesante para el alumno.

En esa «necesitad y urgencia de modificar el sistema educativo para que sea más eficiente y que todo el mundo pueda progresar», como dice la ministra de Educación y FP, Isabel Celaá; en ese paso obligado por la pandemia hacia «digitalización como palanca de transformación», se está empezando a revisar la factura del confinamiento y de la semipresencialidad en el rendimiento de los jóvenes.

Hay que partir de la base de que «con la pandemia, los profesores hemos apreciado falta de motivación y responsabilidad entre los alumnos. Por eso estamos incidiendo mucho en la necesidad de animar a los estudiantes. Les orientamos, les llamamos pero, al final, quien tiene que trabajar es el alumno», dice David Izquierdo, presidente de la Asociación Profesional de Directivos de Educación Secundaria (Aprodir). Y estudios como la FP son los que más se resienten, justo los que ahora se quieren potenciar. «En esta situación de semipresencialidad la FP sufre mucho porque está basada en el trabajo manual y, aunque los profesores están haciendo un esfuerzo enorme por adaptar el currículo, es difícil igualar lo que supone una formación práctica. Esto genera desmotivación en el alumnado; otros no tienen medios ni habilidades digitales, se van desconectando y acaba en el absentismo», dice Izquierdo.

«Rinden menos de la mitad», puntualiza la profesora de FP Susana Hernández. Pero esto no ocurre en todos los estudios. Un primer análisis de los directores de Secundaria constata que en los primeros cursos de la ESO, con presencialidad en comunidades como Madrid, constatan, paradójicamente, un empeoramiento de los resultados académicos de sus alumnos en el primer trimestre del curso. A partir de 3º de la ESO, con semipresencialidad, en unos institutos las notas han bajado y en otros han subido. «En el peor de los casos ha habido entre un 10 o un 15% más de suspensos», aunque son datos sólo del primer trimestre.

En Bachillerato, los alumnos de Ciencias han obtenido resultados similares a otros años, mientras que entre los de Ciencias Sociales «sí que se ha observado una bajada en las calificaciones». Lo cierto es que la pandemia y la adaptación a la semipresencialidad en la enseñanza ha influido aunque, de momento, «el impacto no es dramático».

Sin embargo, el Consejo Escolar del Estado cree que hablar de un descenso en el rendimiento escolar con la Covid-19 «es un prejuicio», expone en su último informe sobre «La situación de la educación en España a consecuencia de la pandemia». Expone que para valorar el rendimiento de los alumnos durante los meses de confinamiento al final del curso anterior y en la situación de excepcionalidad del presente curso habrá que esperar al menos un curso.

El asunto también se ha analizado desde el ámbito universitario donde algunos expertos aseguran que los cambios a los que ha sometido la pandemia «sí ha tenido una importante influencia en el rendimiento. «Para algunos estudiantes no ha sido fácil la adaptación y han sentido miedo a no poder afrontar sus obligaciones con la misma eficacia, o dificultades para entender y controlar sus emociones y relajarse, por lo que han aumentado los niveles de estrés relacionados con la incertidumbre», asegura Blanca M. Pastor, psicóloga responsable del Gabinete de Orientación Psicopedagógica de la Universidad Nebrija. «Nuestros estudiantes consideran que durante las clases telepresenciales es más fácil distraerse y perder la concentración, la comunicación con el profesor y sus compañeros desaparece y al seguirlas desde su casa tienen a su disposición muchas fuentes de distracción. Notan mucho la diferencia entre las semanas presenciales y las telepresenciales. Por otro lado, no todos los estudiantes tienen las mismas circunstancias económicas, espacio disponible en sus viviendas, acceso a la tecnología», añade,

Por lo pronto, ya hay algunos estudios, como uno de la universidad belga de Lovayna, que aseguran que los alumnos podrían haber perdido la mitad de lo que se aprende en un año escolar por el cierre de los centros educativos durante el confinamiento por la primera ola del virus. En España nunca tendremos una evidencia científica clara sobre lo que ha significado después de que se suprimieran por la pandemia las evaluaciones previstas en la ley para conocer qué es lo que han aprendido los alumnos. La Covid-19 nos deja también ciegos sobre el nivel de la educación.

Sin vías para poder copiar en el examen online

Las nuevas formas de impartir clase obligan a idear nuevos modos de hacer exámenes para medir si los alumnos aprenden. Universidades como la CEU San Pablo ya cuentan con sistemas de seguridad que permiten verificar que un estudiante sólo puede abrir el examen en el momento de hacerlo y no otro documento, recoge sonidos de ambiente y pone sobre aviso al profesor si el alumno se sale del perímetro de la cámara. Pero más allá de esta cuestión, «ahora no te lo juegas todo a un examen, se pide a los alumnos muchos trabajos trasversales a todas las materias y se mantiene mayor relación con las empresa. Ahora, el método que utilizamos es el “learning by doing”, que se centra en la idea de aprender haciendo», explica Ángel Bartolomé, vicerrector de Estudiantes del CEU.