¿Nuevas vacunas o nuevas variantes del virus? ¿Quién va ganando?

La llegada de cada vez más mutaciones del SARS-CoV-2 coincide con el descenso global de contagios. La ciencia aún no sabe si eso es bueno o malo

Test de una de las nuevas variantes del coronavirus realizado en un laboratorio al sur de Polonia
Test de una de las nuevas variantes del coronavirus realizado en un laboratorio al sur de PoloniaAndrzej GrygielEFE

Kent, Nelson Mandela Bay, Manaos… ahora, Nueva York. La gran manzana se ha sumado hace solo dos días a la lista de ciudades que pueden dar nombre a una nueva variante del SARS Cov-2. Un equipo de científicos de Caltech (el Instituto Tecnológico de California) ha publicado la secuenciación de una variedad detectada en pacientes neoyorkinos y que se está expandiendo rápidamente por la ciudad. Nombre técnico: B.1.526. Nombre popular: la variante de Nueva York.

En realidad, esta modalidad surgió en el pasado mes de noviembre y solo ahora que ya aparece en una tercera parte de todos los análisis realizados en la urbe estadounidense ha podido ser confirmada. Aún no existe publicación oficial de los datos, de manera que de momento solo podemos asegurar que estamos ante un «nuevo sospechoso».

Los genetistas de Caltech, apoyados por colegas de la Universidad de Columbia, han rastreado miles de secuencias genéticas de coronavirus depositadas en la base de datos GISAID para encontrar un patrón recurrente en las muestras procedentes de hospitales de Nueva York: la presencia de dos tipos de mutación. Una llamada E484K (etiquetada Erik por los científicos), vista en las variantes brasileña y sudafricana, se cree que puede limitar la capacidad de las vacunas de combatir al virus. Otra, S477N, está relacionada con una mayor capacidad del microorganismo para fusionarse con la célula humana. La combinación de las dos mutaciones podría producir un virus más infectivo y más resistente a las vacunas a la vez. La semana pasa y las dos mutaciones suponían ya alrededor del 27 por 100 de todos los casos de Covid-19 registrados en Nueva York.

Cada vez que aparece la palabra «variante» un escalofrío recorre el cuerpo de expertos y legos. Desde que contamos con una mayor capacidad de secuenciación genética de muestras se ha convertido en habitual comunicar al planeta entero el hallazgo de una mutación en parte de la proteína S del SARS-Cov-2, la vital llave de entrada del virus en la célula contra la que la mayor parte de las vacunas actuales tratan de actuar. Es cierto que lo normal en cualquier virus es que mute cientos de veces a lo largo de su existencia. Pero también lo es que algunas de estas mutaciones son especialmente preocupantes. Los linajes que contienen mutaciones en áreas concretas de la proteína S que sirven de puente de aterrizaje en las células son más peligrosos. Los que ahora llaman la atención son los que presentan cambios en las regiones 501 (mutación N501Y), 484 (mutación E484K) y 477 (mutación S477N). ¿Por qué?

La proteína S es una estructura con forma parecida a un torso humano que recubre la superficie exterior del virus. Las partes de esa proteína que equivaldrían al cuello y los hombros de ese imaginario torso contienen dos regiones llamadas extremo N-Terminal y dominio receptor obligatorio (RDB) que sirven de anclaje con la célula humana. La mayoría de las veces ese anclaje no funciona y el virus no puede infectarnos. Solo cuando anclaje y célula conectan perfectamente se produce la infección. Las mutaciones observadas se encuentran justo en esas regiones y confieren más eficacia al anclaje: los virus infectan más.

Pero la mutación E484K, vista en las variantes brasileña, sudafricana y ahora posiblemente en la neoyorkina, tiene otro efecto añadido. En pruebas de laboratorio con plasma de pacientes convalecientes y quizás también con vacunados, se ha demostrado que el virus que la porta puede escapar mejor a los anticuerpos generados por la inmunización. Es decir, las vacunas podrían perder su efectividad cotra estos microorganismos.

Así lo demostró un estudio en fase de pre-publicación llevado a cabo por científicos de la Universidad de Oxford que reconoce que la variante B.1.351 (la Sudafricana) portadora de dicha mutación, es «mucho más difícil de neutralizar que los linajes previos». Más de la mitad de los anticuerpos monoclonales empleados para la inmunización perdieron capacidad de actuar contra el virus o se volvieron totalmente incapaces de hacerlo. La pérdida de eficacia compromete a las vacunas de Pfizer y Moderna.

¿Quiere esto decir que el virus, con sus mutaciones, está ganando la batalla al ser humano con sus vacunas? Los datos parecen indicar que no es así. Coincidiendo con la llegada de las nuevas variantes se experimenta una paradójica disminución de los casos de infección en buena parte del planeta. Desde el pasado 11 de enero hasta ayer, el número de contagios diario ha descendido sin parar en casi todas las regiones del mundo.

El último mes ha ofrecido reducciones de las notificaciones diarias de más del 40 por 100 en 28 países, incluido España. En ese mismo periodo, 17 países han arrojado descensos moderados de hasta un 30 por 100, y 10 países mantienen la curva más o menos estable. En 23 países los datos siguen en aumento.

Con las curvas de contagio en la mano, se diría que estamos ante una oportunidad única de provocar un cambio global de tendencia. Las bajadas en las regiones en las que se han producido las olas más graves (por ejemplo en Europa) coinciden con la llegada de las vacunaciones más o menos masivas, lo que para algunos especialistas supone una primera ventana para controlar el virus desde que comenzó esta pandemia.

El descenso global de casos se ve fuertemente influido por los buenos datos de unos pocos países: Estados Unidos, Reino Unido, Sudáfrica, Alemania, España y Colombia presentan curvas descendentes de gran inclinación desde finales de enero. En algunos de ellos, el volumen total es tan grande que sesga la media mundial a la baja.

De manera que no es fácil determinar si las nuevas variantes realmente están perdiendo la batalla o si simplemente no han empezado aún a causar estragos. El analista de ciencia de The Times, Carl Zimmer ha acuñado una expresión al respecto: «Puede que las variantes hayan llegado tarde a la fiesta», dice. Un virus es como un individuo que sale de noche a buscar pareja: cuanta más gente haya en los bares más probabilidades tendrá. En la batalla de la evolución, cuantas más personas estén infectadas más probabilidades hay de que una variante prospere. Pero si la masa crítica de infectados no es suficiente, la competencia entre las variantes es más feroz y hacerse con un hueco dominante se convierten en algo más duro.

Aún no tenemos datos suficientes para saber si las nuevas variedades están perdiendo terreno para actuar o solo está esperando un mejor momento. El caso danés puede servir de referencia. Al aumentar su capacidad de secuenciar genomas de virus para lograr 9.000 secuencias a la semana han descubierto que la variante británica no hadejado de crecer en el país. Hay menos casos de variantes convencionales, pero más de las nuevas. La clave está en lograr que la reducción en unas sea mucho mayor que el aumento en las otras.

El problema es que existe un umbral en el que la pandemia puede volver a descontrolarse. En Dinamarca el 80 por 100 de los nuevos casos detectados ya son de variantes recientes. Si se confirma que estas variantes son, efectivamente, más contagiosas y difíciles de detener por las vacunas, tendremos menos coches circulando sin frenos por las carreteras, pero conducidos por conductores más violentos y borrachos. De eso dependerá quién gane la partida: ¿vacunas o nuevos virus?