Un estudio español confirma que consumir pescado azul combate el Alzheimer

Impulsado por la Fundación “La Caixa”, muestra las ventajas de consumir más ácido docosahexaenoico (DHA), un nutriente aportado por este alimento

A día de hoy aún no existe ningún tratamiento eficaz para frenarlo ni prevenirlo
A día de hoy aún no existe ningún tratamiento eficaz para frenarlo ni prevenirloLuis TejidoEFE

Es algo ya conocido que la ingesta de pescado azul es beneficiosa para la salud cardiovascular de las personas, pero ahora un estudio liderado por investigadores de BarcelonaBeta Brain Reserch Center (BBRC), de la Fundación Pascual Maragall, ha puesto de manifiesto que las personas portadoras del genotipo que confiere un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer que consumen más ácido docosahexaenoico (DHA), un nutriente aportado por el pescado azul, presentan una mayor preservación cortical en zonas del cerebro específicamente afectadas en la enfermedad de Alzheimer y un menor número de microhemorragias.

Así pues, según revela esta investigación, que ha contado con el impulso de la Fundación ‘la Caixa’, las personas sin problemas cognitivos pero con un mayor riesgo genético de desarrollar Alzheimer tienen determinadas zonas del cerebro más resilientes a la enfermedad si están habituadas a consumir pescado azul, lo cual “abre la posibilidad de mejorar el diseño de intervenciones dietéticas con suplementación de DHA, centrándonos sobre todo en las personas con más riesgo de desarrollar esta enfermedad”, tal y como señala el doctor Aleix Sala, primer autor del estudio y especialista en nutrición e investigador del BBRC.

Los omega-3 son una familia de ácidos grasos presentes de forma natural en algunos alimentos de origen animal y vegetal. En este estudio se ha analizado concretamente el DHA, un tipo de ácido graso que se encuentra principalmente en el pescado azul como el atún, la sardina, el salmón o las anchoas. Éste es clave para la función cognitiva y es muy abundante en el cerebro, sin embargo está demostrado que tiene una menor presencia en el cerebro de las personas con Alzheimer. Pese a que somos capaces de fabricarlo en nuestro cuerpo, lo hacemos de forma poco eficiente, de manera que la mejor forma de garantizar uno niveles adecuados de DHA es a través del consumo del pescado azul, ya que los omega-3 que obtenemos de los vegetales son de otro tipo.

En este contexto, el estudio, que ha contado con una muestra de 340 participantes en edades comprendidas entre los 45 y los 75 años y sin alteraciones cognitivas procedentes del Estudio Alfa del BBRC de los que se ha analizado el consumo de 166 alimentos que han permitido cuantificar la ingesta regular de DHA, no señala ninguna relación entre el consumo de este ácido graso y la cognición, pero sí que ha permitido observar una vínculo entre la ingesta de este nutriente y una mayor preservación cortical en zonas del cerebro específicamente afectadas por el Alzheimer, así como un menor número de microhemorragias, lo que confirma la conclusión de estudios anteriores que apuntan a que las personas con un mayor riesgo genético de desarrollar esta enfermedad son las que más de benefician de un estilo de vida saludable, en este caso concreto, en lo que se refiere a la dieta.

Y puesto a que en la actualidad no se hacen pruebas rutinarias para detectar la predisposición de una persona a desarrollar Alzheimer, ya que a día de hoy aún no existe ningún tratamiento eficaz para frenarlo ni prevenirlo, y dado que, al margen de la genética, existen múltiples factores de riesgo que contribuyen a su desarrollo, “hay que seguir recomendando el consumo regular de dos raciones por semana de pescado azul para toda la población”, constata el doctor Sala.

Tras este estudio, los investigadores del BBRC se plantean como siguiente objetivo el analizar marcadores biológicos del consumo de hasta 20 tipos de ácidos grasos en una mayor población de participantes del Estudio Alfa y estudiar su posible relación con otros biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer detectados en la sangre, el líquido cefalorraquídeo y a través de diversos trazadores en Tomografías de Emisión de Positrones (PET).