Ansiedad de evaluación o cuando solo importa la victoria

Se trata de una condición muy frecuente- dentro y fuera del deporte de élite- que genera mucho sufrimiento emocional

Simone Biles viendo la final de Gimnasia Artística desde las gradas del Ariake Gymnastics Centre, durante las Olimpiadas de Tokio 2020
Simone Biles viendo la final de Gimnasia Artística desde las gradas del Ariake Gymnastics Centre, durante las Olimpiadas de Tokio 2020DPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

La gimnasta más brillante de las últimas décadas, Simone Biles, ha abandonado los Juegos Olímpicos de Tokio para proteger su salud mental. Detrás de su decisión se encuentra un fenómeno ampliamente conocido y estudiado en Psicología del Deporte, la presión psicológica o asfixia bajo presión. Un factor que deteriora el rendimiento y que es fruto, en la mayoría de los casos, del esfuerzo que está haciendo el individuo por conseguir unos resultados extraordinarios.

En el caso de Biles este condicionante es especialmente obvio, ya que superar sus propias marcas es una misión titánica. “La presión por el logro y por alcanzar el éxito está estrechamente relacionada con nuestra salud emocional. Puede afectar al modo en el que interpretamos la realidad, en cómo nos relacionamos con los demás y provoca mucha ansiedad, miedos incapacitantes, bloqueos, sufrimiento, sentimientos de culpa, frustración o incluso puede derivar en trastornos más graves como la depresión”, explica Sonia Castro, psicóloga del Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP).

Diversos estudios han tratado de evaluar esta condición en las últimas décadas. Es el caso de una investigación, llevada a cabo por la facultad de Psicología de la UNED y en la que participaron estudiantes y deportistas, que concluyó que aquellos con elevado nivel de sensibilidad a la ansiedad experimentaron una caída dramática en el rendimiento deportivo durante la condición de alta presión.

Y es que el miedo a la evaluación negativa y la autoestima son dos caras de la misma moneda. El primero es un factor desestabilizador, que nos aleja de los resultados que queremos lograr, y la segunda, una especie de garantía de éxito que funciona ligada a la autoconfianza.

El gesto de Biles, abandonando lo que, a todas luces, era la meta más importante de su vida, ha sido alabado y elogiado desde su entorno deportivo, pero también desde otros ámbitos. Su “no” a la presión, a la exigencia de perfección es un sí a sí misma, a priorizar su equilibrio emocional frente a las expectativas externas. Gracias a eso, la atleta ha conseguido una victoria mucho más poderosa que la que dan las medallas de oro olímpicas: erigirse como la antítesis de la debilidad.

“Reconocer públicamente que no estaba bien, que sentía una presión paralizante que le estaba destrozando, y saber decir basta es un ejemplo de gran utilidad para todas las personas que viven bajo el yugo de la ansiedad”, defiende la terapeuta del IEPP.

La presión por el éxito no es un fenómeno exclusivo de deportistas de élite. También nos sucede a los “simples mortales”. Y de una forma más habitual de lo que podamos pensar a priori. “Nosotros lo trabajamos de manera bastante frecuente en consulta”, explica Castro. “Vivimos en una sociedad- prosigue- que, en muchas ocasiones, premia el éxito, los resultados y la productividad por encima de otras variables y que inculca a los más jóvenes que éxito es sinónimo de felicidad y que lo más importante es llegar al final y alcanzar la meta. La realidad no tiene nada que ver con eso”.

Crecemos buscando el éxito y los logros individuales: sacar las mejores notas, ser los más guapos, tener el mejor puesto de trabajo, hablar muchos idiomas, ganar más y más dinero, ser el mejor de mi equipo… y cuando esas expectativas no se cumplen o no se consiguen alcanzar, “es normal que la persona se sienta perdida, infeliz, desdichada, e incluso pueda caer en un proceso emocional de ansiedad y depresión”.

La principal recomendación para tratar de solucionar este problema, cuando se convierte en algo que nos paraliza y nos causa demasiado sufrimiento, es acudir a un terapeuta que nos enseñe a manejarlo. “La respuesta pasa por identificar el problema, tomar distancia y poner límite. Analizar cuáles son esas metas y expectativas que nos están incapacitando, de donde viene impuestas y cómo de realistas son. También hay que trabajar mucho la aceptación ya que, si vemos que nuestros objetivos son inalcanzables, debemos trazar un plan más realista, aunque eso suponga renunciar al éxito que creemos que nos va a hacer felices”. Como aliados, los profesionales aluden a la autoestima, las fortalezas personales y otros valores fuera de lo individual, como la empatía, la resiliencia o la bondad.

La salud mental es hoy una prioridad global, hasta tal punto que Instagram acaba de lanzar una herramienta de ayuda, Help, para prestar apoyo a todos aquellos usuarios que hagan búsquedas relacionadas con las palabras #ansiedad y #depresión.