Opinión

La urgencia de la tercera dosis para sanitarios

Dr. Tomás Cobo Castro. Presidente del Consejo General de Colegios de Médicos

Durante la pandemia ha quedado claro que el papel del médico y las demás profesiones sanitarias no solo es esencial para la sociedad, como resulta obvio, sino que son uno de los colectivos más vulnerables de sufrir la infección. Su exposición directa a los pacientes, a sus secreciones y productos biológicos, tanto en la asistencia clínica como en los laboratorios; y el hecho de haber permanecido trabajando en activo durante toda la crisis sanitaria, sin posibilidad de teletrabajo y con guardias en las que tienen que pernoctar y comer en el puesto de trabajo son factores que aumentan el riesgo de contraer la infección.

Incluso ahora, con equipos de protección individual disponibles, no podemos considerar que los sanitarios estén libres de contagio y que puedan desarrollar su trabajo con garantías de seguridad universal frente al SARS-CoV-2 en el actual contexto de pandemia.

Por ello, la prevención mediante la vacunación es esencial, y, desde el acuerdo de la Comisión de Salud Pública de la semana pasada, ya es posible y deseable administrar la dosis de recuerdo.

El evidente ascenso de casos covid en Europa, con particular crudeza en países cuyas tasas de vacunación eran ligeramente menores a las nuestras (Alemania, Austria o Reino Unido) o la de Portugal, semejante a la de nuestro país, nos debe poner en situación de máxima alerta, tanto para implementar las conocidas medidas de mascarilla facial, lavado de manos y distanciamiento social –que tan singular y rápido efecto tienen en la bajada de la curva pandémica– como para la intensificación de la vacunación de los profesionales sanitarios con esta tercera dosis de vacuna de ARNm.

No hay duda ya de la necesidad de esta tercera dosis. Un gran estudio desarrollado en Israel determinó que la probabilidad de infección covid aumentaba considerablemente, con el tiempo y con la edad, a pesar de la vacunación completa; de modo que, en la segunda mitad del seguimiento (aproximadamente, del quinto al décimo mes), las personas de 40 años ya tenían doble probabilidad de riesgo de dar PCR positiva que en los primeros cinco meses.

Este gradiente que aumenta con la edad y con el tiempo denota la pérdida progresiva de eficacia de la vacuna de Pfizer. Adicionalmente, fue en este país donde se comenzó a administrar una dosis de recuerdo a la población general, transcurridos cinco meses desde la segunda dosis: es decir, aproximadamente, en el sexto mes desde el inicio de la vacunación.

Del seguimiento realizado a más de 700.000 personas con una edad media de 52 años se observó una reducción del 95 por ciento de los casos y del 83 por ciento de muertes por covid en el grupo de tercera dosis.

La única e importante observación que se puede hacer al hecho de que países como España estén administrando ya terceras dosis a la población, incluyendo el colectivo sanitario, es la escasez de vacunas destinadas a los países en desarrollo. Por esta razón, siguiendo la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, proponemos que se intensifique la aportación española mediante el organismo Covax a favor de la vacunación universal.

Desde la profesión médica debemos seguir promoviendo, impulsando, divulgando e informando a la ciudadanía para que toda la población reciba la vacuna como una acción de protección individual y un gesto de la más elemental solidaridad en promoción de la salud pública, la de todos, y –en particular– la de los más frágiles, los más vulnerables: los enfermos y nuestros mayores.

Acogemos con satisfacción la reciente decisión de las autoridades de administrar la tercera dosis de vacuna frente a la covid a los médicos y demás profesiones sanitarias y animamos a los profesionales a que la reciban, en defensa de su propia salud, la de sus pacientes, familias, y la sociedad en su conjunto. De igual modo, apremiamos a todos los servicios autonómicos de salud para que comiencen, de manera inmediata, la vacunación en el colectivo sanitario.

Volver a cometer los mismos errores de la primera ola sería un despropósito, un disparate y, sobre todo, una tragedia.