El otro «estigma trans»: 80% en paro y tres años de espera para un contrato

Este colectivo celebra hoy el día de la visibilidad y denuncia el rechazo que sufren en el mundo laboral

De izquierda a derecha y de arriba abajo, Adriana, Laura, Allen y Derya, en el proyecto desarrollado por la Fundación
LLYC en colaboración con REDI para la Fundación 26 de diciembre
De izquierda a derecha y de arriba abajo, Adriana, Laura, Allen y Derya, en el proyecto desarrollado por la Fundación LLYC en colaboración con REDI para la Fundación 26 de diciembre FOTO: LLYC La Razón

Adriana hace un gran esfuerzo para verbalizar lo que padeció durante su última entrevista de trabajo. Es una mezcla de dolor y rabia. Impotencia también. «Cuando, después de estar un rato hablando con la responsable de recursos humanos de una conocida franquicia, ésta me solicitó mi documento de identidad y comenzó a reírse a carcajadas. Yo no sabía qué hacer. Evidentemente, no coincidía el nombre que aparecía en mi DNI con el que hasta entonces se había referido a mí. Ante esa reacción ¿qué haces? Te callas, te rompes y te vas a casa sintiéndote un monstruo», relata esta transexual madrileña.

Hoy se celebra el Día Internacional de la Visibilidad Trans con el que se pretende poner el foco en la estigmatización de este colectivo. Adriana es tan solo uno de los casos que evidencia la discriminación y el rechazo al que se enfrentan a diario. Ayer, ella participó en la presentación de «Transparentes», una iniciativa desarrollada por la Fundación LLYC en colaboración con REDI, para la Fundación 26 de diciembre, cuyo objetivo es mostrar al mundo las barreras de inserción sociolaboral del colectivo trans en España. Los datos avergüenzan: el paro entre la población transexual en España es del 80% y el tiempo medio acceso a un trabajo es de 3 años.

Del acoso a la exclusión

«Un 50% de los trans ha sufrido discriminación durante el periodo de selección para un puesto de trabajo. Una vez que acceden a él, alrededor del 56% asegura que ha sufrido algún tipo de conflicto y discriminación al hacer publica su identidad de género», denuncia María Ortuño, directora adjunta de REDI, organización sin ánimo de lucro que desde hace cuatro años trabaja para la inclusión laboral de los sectores más vulnerables de la sociedad.

«No es más complicado contratar a una persona trans que a una persona CIS, pero sí que es necesario activar ciertos mecanismos para que todo sea más sencillo y se encuentren en lugares seguros. Por ejemplo, que no haya problemas porque no coincida el nombre del DNI a la hora de formalizar el contrato con la identidad que la persona exprese; que las tarjetas de empresa puedan incluir el nombre elegido por la persona trans, o que en su email también aparezcan los datos de su identidad sentida. Cada vez hay más empresas sensibilizadas, pero es un trabajo que debe continuar», añade Ortuño.

El caso de Adriana es, como dice ella, «especialmente sangrante». «Mi camino no ha sido sencillo, he tenido que abandonar los estudios en varias ocasiones por haber sufrido acoso y violencia por ser trans. El aterrizaje al mercado laboral no fue mejor. En una ocasión, después del periodo de formación y con los informes de empresa positivos por mi labor realizada, decidieron prescindir de mí porque ‘’mi imagen’', al parecer, no encajaba. Mis compañeras tampoco me lo pusieron fácil», lamenta.

Aun así, se siente afortunada porque tiene «una familia que me da un techo y comida, hay muchas personas que no tienen esta suerte y no les queda más remedio que irse a la calle. Es muy duro», lamenta.

Y es que la falta de oportunidades y el rechazo continuado aboca a muchos integrantes de este colectivo a realizar trabajos que nunca hubieran deseado hacer. «Hay quienes llevan más de 25 años esperando su oportunidad laboral y nunca llega. En la sociedad hay un fuerte desconocimiento sobre la realidad de personas trans que provoca miedo o rechazo y esto se traslada a todos los niveles: el ámbito familiar, educativo, laboral. Así sufren discriminación en todos ellos, incluso son expulsados de sus casas en muchas ocasiones», recalca Ortuño.

Por ello, desde esta fundación trabajan para generar entornos profesionales inclusivos donde no haya rechazo por orientación sexual, expresión o identidad de género. De hecho, ya trabajan con más de 150 empresas donde imparten formación para conseguir una sociedad más igualitaria y respetuosa. Ya han conseguido la incorporación de 14 personas transexuales.

«Debido a lo que he vivido hasta ahora, tengo miedo cada vez que pienso en enfrentarme a un nuevo proceso de búsqueda de empleo. Te sientes señalada, como si fueras un monstruo y eso es traumático. Lo que ocurre es que al final te dejan fuera, hacen que pierdas la seguridad en ti misma y se convierte en un problema», argumenta Adriana para después de reivindicar que «todos merecemos un lugar en el mundo laboral».