Diana Oliver: «La maternidad es la asignatura pendiente del feminismo»

La autora de “Maternidades precarias” denuncia los “malvivires” de la crianza: “¿Por qué tenemos que hacer como que no ha pasado nada después del parto?”

Diana Oliver, autora de "Maternidades precarias"
Diana Oliver, autora de "Maternidades precarias" FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Diana Oliver (Madrid, 1981) define la maternidad como “ese alambre fino sobre el que caminamos como funambulistas”. En su libro “Maternidades precarias” (Arpa), esta periodista y autora de libros infantiles retrata la crianza como una experiencia que “se ensalza como un momento feliz y pleno, pero que luego no se sostiene a ningún nivel, ni socialmente ni desde las instituciones”. Una precariedad para la que no hay escapatoria, a no ser que cuentes con recursos económicos o familiares abundantes. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), algo más del 90% de las mujeres entre 30 y 34 años no ha tenido hijos por “razones laborales y económicas”.

-¿Cuál sería el paso más urgente que deberíamos dar?

-Hay que poner el foco en la precariedad, en esas mujeres que quieren tener hijos pero no pueden. O en aquellas cuya situación empeora cuando los tienen. Es un tema estructural que atraviesa todo; el trabajo, la vivienda, las relaciones. Cada vez estamos más solos. Nos cuesta hasta pedir ayuda para no molestar.

-Sin embargo, no dejan de caer tabúes, como el arrepentimiento público de algunas madres o la desacralización de la infancia.

-Es cierto. Sin embargo, aún sigue causando mucho revuelo que una madre diga que se arrepiente de haberlo sido. También creo que se puede dar el caso de que el problema esté en los “malvivires” que te causa un sistema que no entiende la maternidad ni cuida a las madres, ni a los niños. Descubren que es más duro de lo que pensaban. Nos faltan referentes y te encuentras sola. No hay un seguimiento de la madre, que debe ser cuidada. Y nuestra salud mental.

-¿La paternidad también es precaria?

-En mi caso, lo hemos compartido todo. Es verdad que las mujeres somos las que reducimos la jornada, cobramos menos, tenemos trabajos subalternos... Pero los padres también sufren esa precariedad. A mi pareja, por ejemplo, le echaron por pedir una reducción de jornada para recoger a nuestra hija del colegio. Socialmente, ellos tampoco pueden cuidar. Sigue estando mal visto en ciertos ambientes.

-¿Y qué piensa de esas maternidades nuevas como los vientres de alquiler?

-Estoy totalmente en contra. Representan la compra-venta de seres humanos y la mercantilización de nuestros cuerpos.

-¿Y si no hubiera podido tenerlos?

-Esa es otra. No creo que me hubiera podido permitir un tratamiento de fertilidad. Es una industria que, además, te hace ver que siempre estás a tiempo. Y eso es una verdad relativa que han sabido aprovechar muy bien en su beneficio. Al final, es el sistema capitalista el que dicta nuestros ritmos. No le interesa que tú dejes de producir, que pares. Te obligan a continuar para seguir formando parte de la rueda. ¿Por qué tenemos que hacer como que no ha pasado nada después de tener hijos? Si estás mal, triste, parece que no tienes derecho a quejarte, a mostrar tu vulnerabilidad. Hay que ser fuerte porque todo ha salido bien cuando a lo mejor no sabes qué hacer con el bebé, o has tenido un mal parto o un mal embarazo. Cuando nació mi primera hija, al llegar a casa me senté en la cama con ella y me puse a llorar. Le decía a mi pareja: “Se me va a morir. No sé qué hacer”.

FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

-Un retrato muy distinto de la crianza que muestran las redes sociales.

-Detrás de todas estas mujeres que tienen trabajos espectaculares, que tienen techos de cristal que romper, hay otra realidad. Como la mía y la de tanta gente que me rodea. Con mi segundo hijo lo sufrí mucho más porque ya era periodista freelance, así que no me podía permitir una baja. Me habrían dado 800 euros y de ahí tenía que pagar autónomos, al gestor, y me quedaban cuatrocientos y pico. ¿Cómo puede vivir una familia así? Hoy tienen que trabajar los dos porque, si no, es imposible.

-Simone de Beauvoir decía que no se nace mujer, se hace una. ¿Y madre?

-Aprendes a serlo. Habrá de todo, pero creo que es una mezcla de pulsión interior y aprendizaje.

-¿Qué pensarían autoras como Adrienne Rich de la maternidad del siglo XXI?

-Pienso mucho en ello. Ella abrió una gran reflexión que acabó derribando la institución de la maternidad como destino, pero no sé si vería muchos cambios en la esencia. Ahora que gozamos de otros derechos y comodidades nos enfrentamos a retos distintos en los que hay que poner la mirada.

-Quizá este campo sea una asignatura pendiente del feminismo.

-Totalmente. Se ha quedado colgando por ahí el tema de los cuidados. Puedes salir a trabajar fuera siempre que aceptes las condiciones del mercado. Serlo en un sistema que no contempla que lo seas. El feminismo tiene ahí un trabajo que hacer. Incluso hay una parte que reniega de la maternidad. Se veía como una opresión y una obligación. Aún queda algo de ese resquemor, como si por ser madre estuvieras volviendo atrás. Hay bastante maternofobia. Es necesario que se oigan otras voces, más allá de las que reniegan de la maternidad o las que dicen poder con todo.

-Las “superwoman” resultan bastante cargantes.

-Es que, además, son mentira. No hay horas en el día para todo. El problema es que son discursos que han calado porque tienen altavoces en personas privilegiadas, que viven otra realidad, y nos obligan al resto a seguirlos cuando es imposible. Los medios, las redes sociales, nos hacen creer que estamos ahí también y para nada. Y luego, grupos como “Malasmadres” incentivan un poco ese ideal. Derriban el cliché de la madre perfecta, es cierto, pero se centran demasiado en la conciliación. Es que el foco hay que ponerlo en la precariedad. Hay muchas mujeres que no tienen ese problema porque, directamente, no tienen trabajo. El empoderamiento no les llega, están a otras cosas. Como llegar a fin de mes o a hacer frente a las violencias que las atraviesan.

-¿Al final le ha merecido la pena?

-Me ha merecido mucho la pena, me ha hecho crecer en muchos ámbitos. Pero a veces me pregunto si he hecho bien trayéndolos al mundo. Pero no por mí, por ellos, por lo que podemos ofrecerles en estas circunstancias difíciles. Muchos días acabas agotada, mal. Te sientes culpable porque les estás arrastrando a esta realidad compleja.