Aumento de la infertilidad: “Aún hay muy poco apoyo social a una enfermedad como la nuestra”

El 17% de la población española es infértil. Las asociaciones de pacientes buscan que no recorran el camino solos

Helena y Martha en la V Quedada de la Red Nacional de Infértiles, celebrada en Madrid el pasado 4 de junio, Día Internacional de la fertilidad
Helena y Martha en la V Quedada de la Red Nacional de Infértiles, celebrada en Madrid el pasado 4 de junio, Día Internacional de la fertilidad FOTO: Jesús G. Feria La Razón

2021 fue el año en el que nacieron menos niños en España desde que hay registro: 338.532. Con una media de 1,23 hijos por mujer, nuestro país tiene la tasa de natalidad más baja de los que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). ¿No queremos tenerlos o no podemos? La respuesta es compleja, porque hay un poco de todo.

La Organización relaciona este problema en España con la falta de ayudas públicas, la pérdida de ingresos laborales para las mujeres tras la maternidad, la dificultad para conciliar y la escasa corresponsabilidad de muchos hombres en la crianza están entre los principales factores del fenómeno.

La otra cara de la moneda es el crecimiento de la infertilidad, que afecta a entre el 15 y el 17% de la población española, con unas 800.000 parejas que tienen problemas para concebir. Una tendencia que va en aumento año tras año. De hecho, según el registro nacional de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), el 9,5% (37.500) de los bebés que nacieron en nuestro país en 2019 lo hicieron gracias a técnicas de reproducción asistida, lo que supone uno de cada 5 o 6 nacimientos. Las cifras no dejan lugar a dudas: no es una cuestión anecdótica, sino un problema real en la actualidad.

Una enfermedad reconocida

“La infertilidad es una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud, pero las personas que la sufrimos no tenemos ese reconocimiento social como pacientes con una enfermedad, ni recibimos apoyo emocional real por parte de la Sanidad, ni pública ni privada”, señala Helena Fernández, presidenta de la Asociación Red Nacional de Infértiles (RNI), integrada actualmente por 2.500 asociadas.

La OMS define la infertilidad como “una enfermedad del aparato reproductor caracterizada por la imposibilidad de lograr un embarazo clínico después de, al menos, doce meses de relaciones sexuales frecuentes– mínimo tres veces por semana– sin protección con métodos anticonceptivos”.

Sus causas son complejas, y algunas son aún desconocidas. El 30% de los casos de infertilidad se deben a problemas masculinos, otro 30%, a femeninos, otro 30%, a causas mixtas y, el 10% restante, a causas desconocidas o aún por conocer. Hábitos de vida como el consumo de tabaco o el sobrepeso o factores inmunológicos, endocrinos, hematológicos e incluso ambientales están implicados en su desarrollo.

Las cifras de la infertilidad
Las cifras de la infertilidad FOTO: Teresa Gallardo

Una red de apoyo

“En 2012, un grupo de mujeres que vivíamos la infertilidad en la soledad de nuestras casa– pensando que éramos las únicas– nos encontramos en internet. Buscábamos soluciones y consejos a nuestros problemas, y lo que hallamos fue el apoyo incondicional de quien sabe por lo que estás pasando”.

Lo que encontraron fue un soplo de aire fresco, y sintieron que eso no podía quedarse ahí, en un grupo de amigas ni en un foro. “Éramos pacientes luchadoras, que queríamos dar voz a mujeres como nosotras, hambrientas de apoyo e información sobre nuestro problema, en busca de un reconocimiento social a una enfermedad como es la nuestra”, explica. Y así nació su asociación, con el objetivo de dar visibilidad a la lucha de cientos de miles de parejas que transitan cada año este camino en España. “Somos esa red que no te permite caer. Y que, si te caes, se tumba junto a ti hasta que tengas fuerza de levantarte”, detalla Helena.

Ella misma ha pasado por este particular calvario. Estuvo cuatro años y medio buscando un embarazo, con un diagnóstico inicial de trompa obstruida y oligoastenospermia por parte de su marido.

“Me sometí a tres tratamientos de reproducción asistida, tuve dos abortos y, tras el segundo, me diagnosticaron un problema de trombofilias (propensión a desarrollar trombosis). En 2014 por fin me quede embarazada y, tras superar un mes ingresada por una hiper estimulación ovárica grave provocada por el último tratamiento, nacio mi hijo”. Su experiencia le motivó a dar los pasos necesarios para convertir en realidad la asociación.

Gracias a ella, a Martha Pinilla, colombiana residente en España de 42 años, y a otras muchas mujeres y parejas, les ha resultado menos duro pasar por el largo proceso de intentar tener un hijo.

Martha y su marido empezaron su periplo para tener descendencia en 2015. Lo hicieron en Colombia, cuando ella tenía 33 años. “Es un país en el que la fertilidad es un tema completamente tabú y, además, no es un problema porque todo el mundo tiene familia mucho más joven. Allí no hay ningún apoyo a la reproducción asistida, y yo ya era mayorcísima para ser madre”. Cinco años más tarde, con 37, le diagnosticaron una menopausia precoz – “me quede rota, no sabía ni que podía tener algo así”– y tuvo que empezar a plantearse la implantación de óvulos de donante.

Ya en España, se sometió a dos tratamientos donación de ovocitos, que resultaron fallidos. “Fue un golpe muy duro porque mi vida giraba en torno a ser madre. No hacía planes pensando en que pronto iba a estar embarazada. Siempre había deseado tener hijos, pero me quede sin fuerzas para seguir luchando”. “Mi marido y yo decidimos parar un tiempo para poder recuperarnos– emocional y económicamente– y ahí fue donde conocí a la Red y empecé a ir a las quedadas. Su apoyo fue esencial para pasar el mal trago y coger fuerzas para poder seguir adelante”.

Fallo en la implantación

Y es que el fallo en la implantación ovárica después de un tratamiento de reproducción asistida puede ser un golpe muy duro para quienes están buscando un embarazo. “Se trata de una patología tan compleja que requiere un abordaje multidisciplinar. De entrada, tenemos que descartar un factor embrionario, es decir, que sean los embriones lo que han provocado el fallo”, explica Rosa M. Daurelio, ginecóloga de Ginefiv.

“Realizamos un estudio genético para descartar que los embriones tengan alguna anomalía genética. Pero, además, también es prioritaria la realización de un test genético a todas las mujeres que se someten a un tratamiento de reproducción asistida después de los 35 años, momento en que empieza a aumentar la tasa de anomalías cromosómicas. Por último, debemos descartar el factor uterino, que es que el útero no presente ninguna patología o condición que pueda estar impidiendo la adecuada implantación del embrión”, añade.

Martha retomó su lucha en 2019 y, ese mismo año, se quedó embarazada de su hija, que ahora tiene dos años. “Realmente nos empezamos a creer el embarazo en la semana 20, hasta ese momento no quisimos ilusionarnos”. “En 2021 me puse otro embrión del primer ciclo para tener al hermanito, pero no fue bien. Después hicimos un ciclo nuevo con los óvulos congelados de la misma donante– la idea es que tuvieran la misma genética– pero tampoco funcionó”, detalla. No desistieron, y el pasado marzo comenzaron otro ciclo. “Ahora estoy embarazada de mellizos (de dos embriones distintos). Estamos con mucho miedo porque sabemos que es un riesgo mayor, pero muy felices”.