Así fueron los últimos años de los dinosaurios

Una gran cantidad de hollín procedente de incendios forestales habría sumido a la Tierra en una oscuridad permanente de dos años que les impidió sobrevivir

Se han modelado cómo eran las condiciones de la Tierra antes y después del impacto de hace 66 millones de años, al final del periodo Cretácico
Se han modelado cómo eran las condiciones de la Tierra antes y después del impacto de hace 66 millones de años, al final del periodo Cretácico

Extinguirse como especie debe de ser duro. Es un proceso agónico, lento, no consciente... largo.

Extinguirse como especie debe de ser duro. Es un proceso agónico, lento, no consciente... largo. Sabemos que en algunos periodos de la historia de la Tierra han desaparecido hasta cerca del 90% de las especies que habitaban el planeta. Y sabemos también que la vida, pertinaz donde las haya, se ha repuesto y ha vuelto a poblar el globo. De entre todas las extinciones masivas de las que tenemos conocimiento, la más famosa y posiblemente documentada es, obviamente la que conocemos como extinción de los dinosaurios, hace 66 millones de años, después del impacto de un asteroide de gran tamaño sobre lo que hoy conocemos como península de Yucatán.

Conocemos los datos del impacto, la fecha, el tamaño de la roca y, evidentemente, sus efectos sobre la vida de los animales más grandes del la Tierra. Pero todavía hay algunas incógnitas sobre los acontecimientos reales que siguieron al choque del asteroide y el modo en el que sucumbieron los grandes reptiles.

Ayer, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas de Estados Unidos, con apoyo de la NASA, publicó una nueva investigación que podría ayudarnos a entender cómo fueron los últimos días, más bien los últimos años de las bestias del Jurásico.

Al parecer, una gran cantidad de hollín expulsado a la atmósfera a causa de gigantescos incendios forestales pudo haber sometido a la Tierra entera en una oscuridad permanente de dos años de duración, que terminó impidiendo la capacidad de supervivencia de la mayoría de las especies animales y vegetales.

Para llegar a esta conclusión, los expertos han contado con potentísimas simulaciones informáticas que modelan cómo eran las condiciones de la Tierra antes y después del impacto de hace 66 millones de años, al final del periodo Cretácico.

Casi tres cuartas partes de todas las especies vivas entonces, incluyendo los dinosaurios no avianos, desaparecieron en la frontera del Cretácico y el Paelógeno, la que se llama extinción K-Pg.

En esas fechas, se han recogido evidencias del impacto de un gran asteroide cuya capacidad energética conocemos. Fue tal su potencia que el aire se llenó de fragmentos de roca vaporizada enviados a gran altura. En la atmósfera, estos microfragmentos produjeron partículas de condensación llamadas esférulas. Estas esférulas volvieron a caer en la Tierra después de alcanzar temperaturas enormes. Fue como una gigantesca lluvia de chispas incandescentes que provocó miles de incendios forestales.

Hoy, el registro geológico global ha permitido recoger una porción pequeña de esas esférulas, lo que demuestra su existencia.

El impacto del asteroide fue suficientemente potente como matar de un golpe a buena parte de los animales que vivían en las proximidades del lugar donde se produjo. Pero otras especies, que vivían en el océano, que pudieron protegerse bajo tierra o que fueron capaces de huir por el agua de los mares, sobrevivieron a los primeros momentos del drama.

Los terremotos y tusnamis iniciales hicieron el trabajo más rápido y catastrófico. Pero al resto de los animales que pudieron sobrevivir les esperaba otra tragedia.

Se cree que la cantidad de hollín que absorbió la atmósfera como consecuencia de los incendios forestales equivale a 15 millones de toneladas. Con esas pavesas ocupando el cielo, los días serían tan oscuros como una noche de luna llena. Durante dos años, se experimentó una drástica reducción de la luz solar que terminó por impedir la fotosíntesis de las plantas y que hizo descender las temperaturas en unos 28 grados en tierra y unos 20 en el mar.

En esas condiciones, sin luz, sin plantas verdes y en ambientes extremadamente fríos, la vida se hizo imposible.

Los grandes animales del Cretácico desaparecieron lenta y dolorosamente... pero quedaron las especies como las aves o los roedores y anfibios pequeños que iniciaron una nueva vía evolutiva... la que condujo a la aparición de los grandes mamíferos y, por ende, del ser humano.