Alberto Chicote, en su punto

El lunes, en horario «prime time», vuelve a laSexta para calentar la parrilla con la tercera temporada de «Pesadilla en la cocina»

Alberto Chicote en el restaurante de El Rocío «La taberna de la Concha», protagonista de la primera entrega
Alberto Chicote en el restaurante de El Rocío «La taberna de la Concha», protagonista de la primera entrega

Ya podría estar vacunado contra cocinas que son un homenaje a un estercolero o a propietarios de restaurantes instalados en la apatía. Pero no, Alberto Chicote sigue abriendo los ojos como platos cuando entra en algunos de esos locales que, o bien son un potencial foco de infecciones o sus dueños sacan las uñas a primeras de cambio. «Esta temporada es más: es más divertido, vamos más lejos, casos más duros y gente que es más de todo lo que os podáis imaginar».

«Vais a flipar», afirma. El lunes se verá si la capacidad de sorpresa del espectador está tan virgen como la de Chicote, que aún no se ha repuesto de su experiencia en el restaurante que visitará en la primera entrega: La taberna de la Concha, sito en la aldea de El Rocío. «Si llego a saber lo que había allí no me meto», dice. Normal si se tiene en cuenta que su dueño, Antonio, tiene unos arranques de ira que son dignos del demonio de Tasmania, ya que arrasan con todo: con sus empleados, su pareja... incluso casi con el propio Chicote, al que le falta poco para ponerle su chaqueta de chef como camisa de fuerza. laSexta confía tanto en «Pesadilla en la cocina» –Mario López, el director de antena del canal no duda en decir que es una «marca de éxito de la casa»–, que no ha dudado en estrenar esta tercera temporada con una doble entrega en un «superlunes» trufado de estrenos. En su franja mirará de tú a tú a la serie «El corazón del océano», en Antena 3, y «¡Mira quién baila!», en La 1. «Si me preguntáis por la competencia está claro: yo soy más feo que Hugo Silva, el protagonista de la producción de Atresmedia, y que Jaime Cantizano», afirma Chicote. Ya en serio, el chef no se arredra: «La pasada temporada competíamos con ''Cuéntame cómo pasó'' y ''Gran Hermano'' y en el último programa logramos un 16 por ciento de cuota de pantalla». Lejos de otros que niegan la mayor, Chicote admite sin complejos que mira de reojo cuántos espectadores ha conquistado la noche antes. «Las audiencias de la tele son como el libro de reservas de un restaurante, si ves que tienes pocas mesas sueles preguntarte qué estás haciendo mal; lo mismo sucede cuando un programa no termina de carburar», afirma. Punto más, punto menos de «share» Chicote no se olvida de que el objetivo final de «Pesadilla en la cocina» es reflotar negocios al borde del precipicio o que tienen la amenaza de naufragar en un mar de deudas. «Estoy satisfecho y contento. De 25 restaurantes, 20 siguen abiertos después de nuestra visita. En porcentaje, tenemos un 80 por ciento de éxito mientras que Gordon Ramsay –el cocinero que presenta el formato original del programa– tiene la misma cifra pero de fracasos». Con esta declaración se podría pensar que Chicote va de «sobrado» frente al mediático Ramsay. Todo lo contrario, no dudaría en compartir programa con él, pero el chef escocés tiene una agenda más apretada que el metro en hora punta. A quien sí va a recibir en «Pesadilla en la cocina» será a un personaje que no necesita que le salven: Jordi Evolé. El presentador tenía curiosidad por saber cómo era un día de rodaje del programa y parece que aún no se ha recuperado de la intensidad y el ritmo de una jornada en una cocina en la que no sólo los fogones están ardiendo.

«No puedo con la desidia»

Al temperamental Chicote le sigue sacando de quicio la desidia, la desgana y el desinterés de los que la ocupan sazonándola con gritos, huidas hacía ningún sitio y portazos en la puerta. «Lo que está sucio... Llamas a un empresa de limpieza y te lo acondiciona todo, pero cuando la mugre se instala en el ánimo ya es más complicado», comenta.

El «efecto Chicote» deja huella en los restaurantes a los que asesora durante una semana. Tanto es así que la cuenta oficial del chef en Twitter rebosa de tuits donde la audiencia social le deja el nombre de locales que necesitan mucho más que un lavado de cara. «Recibo mensajes diciendo ''vete a este sitio, o visita este otro'' Me parece bien, pero ¡ni que fuese yo El Cid! Es mejor que llamen ellos, porque demuestran que quieren cambiar, concluye.

Locales que se salvaron de la quema

En busca de restaurantes a la deriva, Alberto Chicote ha llegado hasta Miami para auxiliar a unos «balseros» cubanos que vieron cómo el sueño americano se les volvía del revés. «Nos conocían porque pasan las vaciones en Calpe, donde tienen familia, y vieron el programa. La tele es así», dice Chicote, al que se le rompió el alma al conocer la historia de este matrimonio que abandonó Cuba desesperados. «Acumulaban problemas, abrieron sin tener los correspondientes permisos, cocinaban con camping gas con riesgo a que explotase todo... Pero no lo hacían por dejadez, es que no sabían por dónde empezar. Es una historia muy emotiva y muy honesta», afirma.

El chef hace las américas

En busca de restaurantes a la deriva, Alberto Chicote ha llegado hasta Miami para auxiliar a unos «balseros» cubanos que vieron cómo el sueño americano se les volvía del revés. «Nos conocían porque pasan las vaciones en Calpe, donde tienen familia, y vieron el programa. La tele es así», dice Chicote, al que se le rompió el alma al conocer la historia de este matrimonio que abandonó Cuba desesperados. «Acumulaban problemas, abrieron sin tener los correspondientes permisos, cocinaban con camping gas con riesgo a que explotase todo... Pero no lo hacían por dejadez, es que no sabían por dónde empezar. Es una historia muy emotiva y muy honesta», afirma.