Hagai Levi: «Odio ‘‘House of Cards’’, es muy simple»

Hagai Levi / Creador de «In Treatment» y «The Affair»

Hagai Levi. Creador de «In Treatment» y «The Affair»
Hagai Levi. Creador de «In Treatment» y «The Affair»

Es difícil que se le escape una sonrisa. Eso no significa que sea un hombre pagado de sí mismo. Simplemente es que la intensidad de sus series le viene de serie. El israelí Hagai Levi es el nuevo niño bonito de la industria televisiva gracias a dos series: «In Treatment» y «The Affair» –que actualmente se puede ver en Movistar Series–, que coleccionan buenas críticas y varios premios en los Globos de Oro. Por cortesía del sindicato de guionistas Alma visitó Madrid para ofrecer una «master class».

–Sorprendió, y mucho, en Israel con la tira diaria «In Treatment», con sólo dos personajes en una sesión de terapia.

–Venía de hacer telenovelas, que tienen una estructura estúpida. Sin embargo, tenían un enorme potencial hacer una serie diaria. Sólo quería tratar con inteligencia al espectador sobre un tema que me interesa mucho: la fragilidad de los seres humanos, hay que tratarnos con mucho cuidado. Eso era lo que quería mostrar en la serie y el público se identificó con los personajes.

–Pero no me negará que la temática podría haber sido muy árida para el espectador.

–No lo veo así. Para mí es fascinante ver cómo dos personas que no se conocen de nada empiezan a dialogar y a mostrar lo más íntimo de sí mismos.

–Cuando se plantea una serie, ¿piensa en la audiencia?

–Sí, pero no en una audiencia de masas. Pienso en que las personas que la vayan a ver sean las correctas y quieran compartir conmigo un viaje emocional. Nunca voy a perder mi libertad creativa para tener más espectadores.

–Con esa convicción por ahora no le va mal, ya que logró vender los derechos a la HBO para su versión estadounidense.

–No lo busqué, me vino dado. La serie era un éxito en Israel y les sorprendió. El proceso fue sencillo. Me trasladé a Hollywood y se sucedían las reuniones en las que siempre se respetaba mi criterio.

–Su producción «The Affair», se alzó con el Globo de Oro como la mejor serie de 2014. Todo un logro. ¿Qué tal lo lleva su ego?

–Simplemente no lo lleva. Fue agradable, pero no hago mi trabajo pensando en los premios. Sería una esclavitud.

– «The Affair» cuenta la historia de una infidelidad con una sensibilidad exquisita...

–Gracias, era lo que quería. Yo no la hice para contentar a los espectadores sino para remover sus conciencias. Una infidelidad es algo mucho más complejo que acostarse con otra persona que no es tu pareja. Es un proceso dual, en el que la culpabilidad y el dolor interfieren la felicidad con estar de nuevo enamorado.

–Discúlpeme que le diga pero es de una sinceridad casi insultante.

–Puede ser... Mire, la ficción, por definición, es mentira, pero yo no lo creo así. Por eso «In Treatment» desconcertó a la audiencia: porque estaba llena de verdad. Una persona se puede engañar a sí misma, pero no a un terapeuta. O sí, pero entonces está tirando el dinero. Simplemente esa persona es un fraude.

–De ahí que el personaje de «The Affair» sea un hombre torturado.

–El protagonista masculino tiene una moral muy estricta, con una especie de superioridad que le hace creer que nunca va a ser infiel. Y sí, lo es. Ha cruzado una línea roja. Y si ha hecho esto una vez, ¿quién le dice que no habrá una segunda? Me gustan los dilemas morales, por eso odio «House of Cards». Es simple.

–¡No le gusta la serie de Kevin Spacey!

–No, porque no hay culpa, ni remordimientos. Son malos y punto. Unos personajes muy lineales.

–Ahora, Israel exporta sus series. Eso es un triunfo.

–No producimos muchas, seis o siete, pero interesan al mercado anglosajón. Es bueno, pero me preocupa que los guionistas empiecen a pensar en crear series para agradar a los estadounidenses. Si produces sólo para exportar estás degenerando tu cultura.

Anatomía del dolor

Dos matrimonios y sendas traiciones. La pasión arrastra a los personajes y también a sus parejas, que empiezan a ver cómo se resquebraja su mundo en un vuelco emocional