La franquicia J. J. Abrams

Una de las secuencias de «Almost Human»
Una de las secuencias de «Almost Human»

Desde «Perdidos» está considerado como el niño bonito de Hollywood, incluso los más atrevidos ya apuntan a que será el sucesor de la versión más comercial de Spielberg, lo que es mucho decir, ya que aún le queda bastante recorrido. Eso sí, en su haber están algunas de las series más seguidas, y visualmente cautivadoras, de los últimos años. La penúltima es «Almost Human», que hoy estrena AXN, una serie que en Estados Unidos no han tardado en comparar con la reverenciada «Blade Runner», con la que tiene algunos nexos de unión, demasiados para los puristas.

J. J. Abrams propone a los espectadores un futuro apocalíptico y cainita. En 2048, Los Ángeles es una megaurbe inhóspita donde vivir es una actividad de alto riesgo, ya que la delincuencia es cada vez más voraz e implacable. En ese escenario, el cuerpo de policía es cautivo de sus propias limitaciones. Así, sus responsables intentan paliar las bajas e intensificar su eficacia con una nueva fórmula: todos los agentes tendrán unos fieles escuderos que no serán otros que unos androides, en teoría pluscuamperfectos, resultado de una aleación de distintos metales dotados de un «alma sintética», fisura por la que se pueden colar las emociones. Eso sí, que nadie espere una trastienda metafísica de alto voltaje como la que hizo de «Blade Runner» un clásico. Las relaciones entre humanos paralizados por depresiones y desventuras emocionales varias y los androides forman el corpus dramático de esta serie. Pero Abrams era consciente de que, para un espectador televisivo cada vez más sofisticado, la serie tenía que tener un plus y ése pasaba por el empaque de su factura visual: a la puesta en escena futurista se añaden unas escenas de acción más que resultonas, más aún si se tiene en cuenta que las producciones televisivas de ciencia ficción han resultado ser un pelín rudimentarias desde el punto de vista estético, sin obviar algunas puestas en escena un poco «kitsch». En el reparto, es inevitable destacar la presencia de Lili Taylor («Yo disparé a Andy Warhol», «Cosas que nunca te dije»), una actriz de culto en el cine indie que coquetea sin complejos con un medio mucho más mayoritario como la televisión. La ciencia ficción no es un territorio ajeno para J. J. Abrams. Más bien todo lo contrario. Este director, productor, guionista, compositor y tantas cosas más empezó a ser tomado en serio, tras la amable y descafeinada «Felicity», gracias a «Fringe».

Habituado a manejarse con grandes presupuestos –el piloto de «Fringe» costó unos diez millones de dólares–, «Perdidos» le consagró definitivamente como uno de los genios de la ficción estadounidense por su habilidad para crear argumentos en los que combinaba con habilidad fenómenos inexplicables, escenarios que ponía a disposición del espectador para que los explorase a la vez que lo hacen los personajes y tramas en las que se podía rizar el rizo argumental todas las veces que se quisiese.

En cuarentena

Sin embargo, el crédito de J. J. Abrams se ha empezado a poner en cuarentena. A pesar de que el estreno en Estados Unidos de «Almost Human» fue seguido por más de nueve millones de espectadores, la crítica recalcó que Abrams se está durmiendo en los laureles. Nadie duda del poderío visual de sus producciones, pero sí le acusan de optar por argumentos epidérmicos y repetitivos. Prueba de ello fue el contenido entusiasmo que despertaron sus dos últimas producciones: «Alcatraz» y «Revolution», de las que se esperaba mucho más y que no han tenido unas audiencias boyantes.

Sea como fuere, la factoría Abrams sigue embarcada en proyectos de entretenimiento de envergadura. Él ha sido el encargado de revitalizar la saga de «Star Trek» en el cine. En su haber, los más de 500 millones de dólares que ha recaudado «Star Trek: en la oscuridad» y la expectación que ha procurado saber que será el máximo responsable de «Star Wars VII».