Remakes de series míticas... ¿es necesario?

Los responsables de las principales cadenas de EE UU insisten en el error de resucitar ficciones hasta rematarlas por sus deficiencias.

Las protagonistas de la serie original y la del remake de 2011
Las protagonistas de la serie original y la del remake de 2011

Los responsables de las principales cadenas de EE UU insisten en el error de resucitar ficciones hasta rematarlas por sus deficiencias.

Es sensato, aunque no parezca racional, que los espectadores estén dando volteretas de alegría ante la remesa de series que están alcanzando un nivel de excelencia pocas veces visto. Pero que la euforia no nos nuble la vista. Las cadenas estadounidenses cometen algunas pifias que son para freír a collejas a sus ejecutivos. Sobre todo cuando tienen la ocurrencia de profanar ficciones de las últimas décadas del siglo XX con la intención de resucitarlas. Lo único que consiguen es rematarlas por obra y gracia de una carnicería en los guiones y en el reparto que no se merecen.

El pecado de «Dinastía»

Los penúltimos disgustos han llegado en los últimos días. La cadena The CW no tiene nada mejor que hacer que encargar un «remake» de «Dinastía». Sus responsables serán los creadores de «Gossip Girl», una serie de andar por casa que tuvo su público al combinar la juventud, las drogas y el alcohol en un cóctel que fue resultón. Sin embargo, «Dinastía» son palabras mayores. Da igual que siga el enfrentamiento encarnizado entre los Carrington y los Colbys y que a sus responsables se les llene la boca diciendo que «sólo poseerá un uno por ciento de brillo y lujo». Ya empiezan mal, porque esta serie no se entiende sin los vestidos horteras de ricos sin gusto de Krystle Grant, Alexis Morell Carrington y demás féminas de cartón piedra. Por no decir que sin la presencia de ese monumento a la cirugía estética que es Joan Collins y el carácter naif de Linda Evans será una versión como el agua: insípida, incolora e inodora.

La CBS también se va a meter en otro charco al anunciar la vuelta de «Los hombres de Harrelson». Si el «remake» cinematográfico ya dejó indiferente, lo que puede pasar con el televisivo es mejor ni predecirlo. Nadie duda que la factura técnica –los movimientos de cámaras, los encuadres y el montaje– serán muy buenos, pero no tendrá el encanto de la ficción creada en 1975, en la que tenía un peso específico el carisma de los intérpretes, empezando por Steve Forrest, que hizo suyo el personaje.

Lo que cuesta entender es por qué insisten cuando los resultados de las ficciones que reproducen los originales no han tenido suerte en términos de audiencia. Las nuevas «Ángeles de Charlie» fueron un fiasco. Normal, el público tiene memoria y sustituir a Farrah Fawcett, Kate Jackson y Jaclyn Smith por unas insulsas jovencitas fue un lastre. Ante las dimensiones del tortazo de reunir sólo a seis millones de espectadores, una cifra que en una cadena en abierto en EE UU es ridícula, la ABC agachó la cabeza y la canceló tras el tercer episodio. La idea de sacar del garaje «El coche fantástico» terminó en un accidente mortal. Poco importó que la voz del inolvidable Kitt fuese la de Val Kilmer, ese actor que en algún momento, en una galaxia ya muy lejana, fue una estrella. La NBC empezó a lo grande con el propósito de que la primera temporada tuviese 22 episodios, pero como el público le dio la espalda, se redujeron a 17 para acabar por sucumbir.

El regreso de «Dallas» también fue un quiero y no puedo. A pesar de recuperar a parte del reparto original, incluido al maligno Larry Hagman y Linda Grey, las buenas expectativas no se consumaron. Las tramas, previsibles, no ayudaron. El resultado fue que una serie cuyo episodio «¿Quién mató a J. R.?» fue visto por 80 millones de espectadores, obtuvo en su revival 6,8.

De las que han tenido más suerte es «Hawai 5.0», que lleva seis temporadas en antena, aunque sus deficiencias son notorias. Pero que se termine esta tendencia, por favor.