Dieciocho años de prisión para los padres de Asunta

Rosario Porto y Alfonso Basterra (i), durante el juicio
Rosario Porto y Alfonso Basterra (i), durante el juicio

La sentencia considera probado que ambos, de común acuerdo, sedaron a su hija desde meses antes del crimen, la ataron y la asfixiaron. «No pudo defenderse», dice el juez.

Toda sentencia condenatoria debe relatar de forma cronológica cómo ocurrieron los hechos juzgados. Ese apartado es conocido como «hechos probados». En el crimen de Asunta la narración comienza así: «Los acusados don Alfonso Basterra y doña Rosario Porto, de común acuerdo, suministraron repetidamente, desde al menos tres meses antes del fallecimiento, a su hija Asunta un medicamento que contenía lorazepam, que produce somnolencia y sedación...». Es el inicio de un plan criminal que termina con la vida de Asunta y que el magistrado resuelve en tan cinco breves párrafos: «En un momento comprendido entre las 18:33 y las 20:00 horas, en la casa de Montouto, los acusados asfixiaron a su hija por medio de la compresión que le aplicaron sobre la boca y la nariz y en un momento próximo a la muerte de la menor, también la ataron por los brazos y los tobillos por medio de unas cuerdas plásticas de color naranja. Asunta, nacida el 30 de septiembre de 2000, no pudo defenderse porque estaba bajo los efectos del medicamento que con ese fin se le había suministrado». Tal comportamiento es calificado por el juez de asesinato «con la agravante de parentesco» y condena «a Rosario Porto y Alfonso Basterra a dieciocho años de prisión».

Hasta aquí se trata de una descripción más o menos conocida, pero cuando se entra en el fondo de la sentencia es cuando se encuentran elementos que chirrían. El principal tiene que ver con la presencia de Alfonso Basterra en la finca de Teo mientras se estaba cometiendo el crimen. El magistrado se apoya en la declaración de la testigo que vio a Basterra junto a su hija poco después de las seis de la tarde caminando por la calle en Santiago. Por tanto, Basterra miente cuando dijo que esa tarde no salió de casa. «A partir de esos datos», dice la sentencia, «entiende el Jurado que don Alfonso también subió a Montouto, porque no sólo no hay ningún indicio contrario que demuestre que el acusado estuvo en su piso antes de las 20:47 horas, sino también porque las imágenes de las cámaras de grabación no permiten ver si iba algún ocupante en el asiento trasero del Mercedes, es decir, no descartan que estuviese ocupado». Sin embargo, de no descartar, como una opción, a darlo por probado con base en evidencias hay un trecho inmenso. ¿Pudo Basterra regresar a su casa después de introducir a su hija en el coche de Rosario? No hay evidencia de que regresó a su domicilio y tampoco de que se montase escondido en el coche. Quizá por eso, por la enorme contradicción, el magistrado ha decidido obviar en el relato de los «Hechos Probados» cómo llegó el padre hasta la finca.

Si Alfonso acudió al lugar del crimen en el vehículo de su mujer, ¿cómo fue capaz de regresar a Santiago antes de las nueve de la noche? Rosario no llegó hasta después de las 21:30, según constatan las grabaciones de las cámaras de seguridad. Entonces, ¿cómo se desplazó él? Es un misterio que no queda resuelto en la sentencia. Como tampoco se da solución al hecho de quién se encargó de trasladar el cuerpo sin vida de Asunta hasta la pista forestal. Son dudas que, por no ser despejadas, servirán para engrosar la sensación de que en este crimen existen muchos datos turbios que jamás se conocerán.