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Me parece innecesario a estas alturas de la vida largar a qué edad o con quien se perdió la virginidad

Lolita Flores y su particular homenaje a su madre en los Premios Goya 2023
Lolita Flores y su particular homenaje a su madre en los Premios Goya 2023Europa Press

En ocasiones nos venimos arriba y se nos va la fuerza por la boca hablando más de lo debido. Qué pena que no nos acordemos de aquella máxima que reza “es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda”, o bien “se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”, y esto le pasó a Lolita hace un par de días en un programa de la tele, resultando que a estas alturas de su vida está largando intimidades innecesarias como a qué edad y con quien perdió su virginidad, o que, visto lo visto, no sabe si cambiará de acera.

La otra semana se fue de este valle de lágrimas en el cual ella no derramó ni una, al menos hacia afuera, mi amiga Cristina, mujer conocida por ser sobresaliente en la vida social y mundana, por haber tenido una prolongada relación con uno de nuestros más conocidos mecenas y por ser generosa, acogedora y bella. También por su discreción y por haber vivido a lo largo de sus setenta y tantos años sin mayores estridencias, por no chirriar, cuestión de sensibilidad que algunos no perciben y que muchos agradecemos.

La buena de Lolita rascaba más y más a medida que el programa avanzaba y entonces es cuando una se da cuenta de que quizá sea necesario ese plan de paridad que Sánchez quiere sacar adelante a tres días del 8-M en que se celebra una jornada dedicada a la mujer. Entonces es cuando surge la pregunta, ¿a qué mujer? ¿a las Lolitas o a las Cristinas?

Quizá a las primeras, quienes necesitan de esa paridad que las incluya en los consejos de administración, en empresas de todo tipo y, en general, en cualquier ámbito tengan o no preparación, lo que para otras resulta humillante porque entrar a formar parte de lo que sea por razón de cuota es someter a ridículo a hombres o mujeres, puesto que los valores aportados deben ser los que cualifiquen a la persona. Pero, claro, de repente surgen las que se les va la fuerza por la boca y ¿qué hacemos con ellas?