El asesino de Pioz a un amigo: «Qué risa, los niños no corren cuando les voy a matar»

Arranca el juicio por el caso que conmocionó Pioz

Patrick Nogueira, en el banquillo / Foto: J. Fdez-Largo
Patrick Nogueira, en el banquillo / Foto: J. Fdez-Largo

Patrick Nogueira, autor confeso de las muertes de sus tíos y sobrinos en agosto de 2016 en Pioz, se jactó de sus crímenes en los mensajes enviados a un amigo de Brasil.

Parece que todo ha sido culpa del alcohol y, en el peor de los casos, de un «problema cerebral» que le impediría controlar su ira. Si lo lograra «sería maravilloso», dice. Es más: «Aceptaría cualquier fármaco que me cambiara». Pero la triste realidad es que no le dio por acudir a la ciencia antes de cometer uno de los crímenes más atroces que se han dado en España. Y eso que, asegura, ya había tenido episodios anteriores, como cuando tuvo un enfrentamiento con un profesor en 2003. Esa vez dice que sintió «un agobio» muy similar al que experimentó en el verano de hace dos años, cuando decidió matar a cuchilladas a cuatro personas de su propia familia e ir retransmitiéndolo en directo vía WhatsApp a un amigo de Brasil con selfies con los cadáveres, fotos de los descuartizados y todo tipo de detalles que pondrían el estómago del revés a cualquiera. El autor de esta obra es Patrick Nogueira, un brasileño de sólo 22 años, que ayer declaró en la primera sesión de la vista oral que se celebra en la Audiencia Provincial de Guadalajara por los crímenes de Pioz, un pueblo a casi 30 kilómetros de la capital. El Ministerio Público y las acusaciones piden para él la prisión permanente revisable (sería la novena en España). Será un jurado popular compuesto por siete hombres y dos mujeres (una de ellas se encontró indispuesta en un momento de la sesión dado la crudeza del relato de los hechos) quienes determinarán el veredicto. Su defensa pide dos asesinatos (los niños) y dos homicidios (los adultos) pero el caballo de batalla de este juicio está en determinar si esa supuesta anomalía que presenta en el cerebro puede predeterminar su comportamiento. Su defensa ha propuesto peritos que así lo avalan y la Fiscalía, por su parte, lleva a los forenses del juzgado, que sostendrían que el joven es «sólo» un psicópata más. Tras pasar dos años largos en la prisión de Estremera, ayer, por fin, pudimos observarle y escuchar su voz. Eran las 16:30 horas cuando se levantó al centro de la sala y, con un nervioso movimiento de pierna, comenzó a responder a las preguntas de su abogada. Así, miró al jurado del que dependen sus próximos 20 años y, después de pedir «perdón» a su familia y a la familia de Janaina y excusándose con un escueto «no elijo funcionar de la manera que funciono», Patrick comenzó a narrar una serie de desdichas desde los 10 años, cuando comenzó a consumir alcohol, fuente de todos sus problemas. Asegura que el detonante fue el primer cambio de colegio (llegó a pasar por cinco), que le obligó a «sufrir de todo»: «Me pegaron, escupieron a la cara... Se aprovecharon de mí». La única vía que encontró para «calmar» esa frustración, asegura, fue la violencia. Hacerlo le aliviaba pero comenzó a establecer entre los marginados y las peleas su zona de confort. Dice que el alcohol se convirtió entonces en su «único amigo»: «El único que me ha acompañado desde los 10 años, lo único que tengo». Comenzó a tener problemas serios con 15 años, vomitaba «con sangre» a los 16 y, a los 18, tuvo una úlcera. Cuando llegó a España, en marzo de 2016, quizás para cortar con todo eso, se fue a vivir con su tío Marcos (40 años y hermano de su madre); la mujer de éste, Janaina, de 39, y los hijos de la pareja: María Carolina, de 3 años y David, de apenas uno. Patrick se jactaba ayer de que compraba hasta pañales para los niños, que les ayudaba económicamente en la casa que compartían en Torrejón, pero un día su tío le robó el dinero que tenía en la cartera y le amenazó con denunciarle a Extranjería al no tener éste papeles. Por todo ello se dejaron de hablar y la familia se mudó a Pioz en julio. Él asegura que corrió con gastos de las facturas del piso que dejaron a deber y se sintió «un tonto de mierda». Así, decidió hacerlo. «Sabía lo que quería hacer. No sabía cómo pero tenía que hacerlo». Fue allí con un cuchillo, bolsas de basura y cinta americana y, mientras Janaina fregaba los platos y él secaba (ayer lo escenificó con su intérprete), a él le «entraron las ganas», dijo, y la atacó. Ella le mordió y él «le clavó», según sus palabras. Omitió en su declaración cómo la descuartizó (con tijeras de podar) y cómo fue después a por sus primos de tres y un año. Le sorprendió que no corrieran despavoridos por la casa, según confesó por WhatsApp, y se agarraran. Tras meterlos a todos en bolsas de basura y limpiar la vivienda, le entró hambre mientras esperaba a su tío para acabar también con él: «Voy a hacerme un bocadillo de atún, que me lo he ganado», dijo.