El Gordo lo custodia Antonio

Antonio almacena sus «tesoros» en el sótano de su antiguo negocio en el barrio madrileño de Ventas. Foto: Connie G. Santos
Antonio almacena sus «tesoros» en el sótano de su antiguo negocio en el barrio madrileño de Ventas. Foto: Connie G. Santos

Tiene boletos de todos los sorteos desde la década de los 40 y está a punto de culminar la clásica numérica: del 00000 al 99999

Desde el 00000 hasta el 99999. Todos los números susceptibles de ganar el Gordo de la Lotería de Navidad los tiene guardados Antonio Espejo. Compilados en álbumes, este cordobés de 77 años los conserva con sumo cuidado en los estantes donde antaño había cubos de pintura. Hasta que se jubiló, regentaba una pequeña empresa junto a su hermano, a la que dedicaba el tiempo que le dejaba su trabajo como funcionario. Entonces, las tardes las pasaba en ese almacén del madrileño barrio de Ventas negociando precios con los pintores de brocha gorda. Ahora, reconvertido en un pequeño museo del coleccionista, lo enseña orgulloso a amigos y familiares. En las paredes de su sótano se puede viajar por la historia de España.

Tal y como la conocemos ahora, la Lotería nació en 1811 para aportar fondos a las arcas del Estado, maltrechas por la Guerra de la Independencia. El primer sorteo se celebró en 1812. Los décimos más antiguos que atesora Antonio son de 1936. En la planta de arriba de su almacén, en un gran marco, hay expuesto un billete completo del año en el que estalló la Guerra Civil. Cada uno costaba entonces 250 pesetas, «una barbaridad para aquella época», explica. Desde el año 40, tiene décimos de todos los sorteos hasta el día de hoy y está a punto de culminar la clásica numérica (las 100.000 bolas del bombo). Su «loterofilia» arrancó en 1971, cuando el tema monográfico que ilustró los boletos fue la tauromaquia. «Es que soy muy taurino, sabe usted». Abonado a la feria de San Isidro, fan de Morante «y antes de El Viti», Antonio comenta que fue a partir de ese año cuando empezó su interés por coleccionar Lotería. Si bien su afán por guardar objetos le viene de lejos, desde el instituto: «Como todos los niños de aquella época, lo que coleccionaba eran sellos». Por eso guarda en otra vitrina, con especial cariño, un billete de Lotería completo del año 73, dedicado a la filatelia, «una temática que se repitió más tarde, en el 2001». Antonio es una enciclopedia en este campo y conoce cientos de curiosidades. «Los décimos no siempre han tenido el mismo tamaño», aclara, y abre sus álbumes para mostrarlo: «Mire, hasta 1963 se emitieron en un formato mucho más grande que el actual. Luego hubo un periodo intermedio, del 64 hasta el 66, en el que tuvieron un tamaño mediano y ya en 1967 se diseñó el modelo que se ha mantenido hasta ahora».

«Es de los pocos coleccionistas que juega todas las semanas», advierte su amigo Andrés Cabello, con quien comparte afición. El ritual de este cordobés de nacimiento «y madrileño de adopción» para encontrar la suerte es siempre el mismo. En el sorteo de los jueves compra el número capicúa 49294 y en el de los sábados el 55555 y el 33333. Pero nunca le ha tocado el Gordo. «Lo máximo, un segundo premio a finales de los 80. Gané un millón de pesetas y me lo fundí en una semana, me lo pasé pipa», cuenta Antonio.

En ese pequeño local de Ventas pasa las tardes: «Mi mujer, Angelines, no quiere que salgamos por ahí». Recuenta, revisa, coloca con mimo los boletos que va consiguiendo. «¿Que cuánto dinero me he gastado en Lotería? Ni lo sé, ni me importa». Lo que custodia en ese sótano son horas y horas de minucioso trabajo de documentación y clasificación. Por eso, repite constantemente que le gustaría que sus hijas continuasen su colección. Debe ser que esa afición por agrupar y organizar se hereda porque «la pequeña ha tenido que liberar una habitación completa de su casa para guardar sus Nancys».

Ahora, con internet, resulta mucho más fácil localizar un décimo en concreto, pero la colección de Lotería de Antonio está trabajada «a la antigua usanza, a través de correo postal». «Para completar colecciones nos carteamos con otros coleccionistas e intercambiamos décimos. Algunos lotes los he comprado en subastas y las administraciones de confianza también me guardan los números que saben que me pueden interesar», indica.

Esta mañana, en el sorteo 102 de la Lotería, se rifará el Gordo de Navidad. A los autodiagnosticados de «loterofilia», como es el caso de estos dos amigos, es el que menos les gusta. Aunque admiten que han comprado algunos décimos «simplemente por compromiso». Lo que afirman con convicción es que no han reparado mucho en las cifras que llevan. No buscan tanto la suerte, sino la pieza a colocar en los huecos vacíos de sus álbumes. Este año, según Loterías y Apuestas del Estado, sorprende la cantidad de veces que se han comprado los números 31518 y 01618, coincidentes con las fechas de la moción de censura de Rajoy y el nombramiento de Pedro Sánchez como presidente, respectivamente. «Ni idea», sentencian, mientras se lanzan miradas de extrañeza.

Sea como fuere, estos apasionados de la Lotería aconsejan a todos los que han comprado algún décimo abrir bien los ojos a partir de las nueve de la mañana, cuando los niños de San Ildefonso empiecen a sacar las bolas del bombo en el Teatro Real. «En nuestras colecciones tenemos cupones premiados que, por despiste, no han llegado ni a cobrarse». Así que más vale prevenir.