Enganchados al Candy Crush

Celia Villalobos y Tania Sánchez comparten pasión por los juegos on-line. Curiosamente a la primera le van los modernos y, a la segunda, los «vintage»

Villalobos jugando durante el debate del Estado de la Nación
Villalobos jugando durante el debate del Estado de la Nación

Celia Villalobos y Tania Sánchez comparten pasión por los juegos on-line. Curiosamente a la primera le van los modernos y, a la segunda, los «vintage»

Ya se sabe que las mujeres pueden hacer dos cosas a la vez, pero a veces, no es que no sea pertinente, es que puede ser una impertinencia. Más aún cuando está hablando tu «jefe», Mariano Rajoy, en el Congreso en la sesión más importante del año: el Debate sobre el Estado de la Nación. Eso es lo que le ocurrió a Celia Villalobos, que puede que tuviera el oído pendiente de lo que decía el presidente del Gobierno, pero su vista, y su concentración, sobre todo, en un juego on-line. Todavía no está muy claro si era el célebre «Candy Crush Saga» o alguno más reciente, pero con una mecánica de juego similar, como «Frozen Free Fall», que en Twitter cuenta con sólo 8.096 seguidores frente a los 118.000 de «Candy Crush Saga» y con más de 149 millones de usuarios activos a diario.

«Tras ser la comidilla de la Prensa esta semana y centro de las críticas, que ha recibido ella y el resto de la clase política, es muy difícil que se les pille en otro renuncio. Como mucho leerán la Prensa, consultarán su email y poco más», dice un veterano corresponsal político que lo ha visto de todos los colores en el Congreso, pero pocas veces con tanta gama cromática como el «Candy Crush Saga». Así, la mayoría de los 350 diputados y muchos políticos de otros parlamentos autonómicos o con ambiciones de estar en ellos han blindado sus cuentas personales de Facebook para que no se sepa a qué juegan ni cuándo... Con honrosas excepciones, porque resulta que la línea más corta entre Celia Villalobos y Tania Sánchez es su afición a los juegos on-line, aunque la popular es más vanguardista que la política de izquierdas. Aunque ha trasladado su actividad de Facebook a otra página –en la que ha eliminado sus aplicaciones favoritas–, Sánchez es aficionada a los juegos vintage, y más sencillos, todo sea dicho, como el Mus, el Tetris, el Monopoly, Tabú, Party & Co y Superpang, aunque alguna personas de su antiguo entorno –concretamente un compañero de Izquierda Unida en un barrio de Madrid–, comentan que también le gusta «Candy Crush Saga», si bien no confirma que haya jugado en la Asamblea de Madrid durante esta legislatura, «aunque sí que parece que es una de sus distracciones, aunque suele jugar desde el móvil, como la de tantos políticos, sólo que por intereses electorales y de imagen no lo dirán nunca, y menos ahora».

El diputado socialista y ex alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, tampoco oculta en su cuenta de la red social cuál es su juego preferido: «Game Twist Slots», una tragaperras virtual, además de ofrecer otros juegos de casino, aunque en su página no se vea registro de actividad alguna. Lo más común en el caso de los políticos es que saben que decenas de cámaras están pendientes de ellos, aunque fue la propia Celia Villalobos, como vicepresidenta de la comisión de reglamento del Congreso, la que prohibió grabar desde las tribunas para preservar la intimidad de sus señorías.

Sin embargo, Celia Villalobos no es la primera y seguramente no será la última. Ahí están Patxi López, los políticos de la Asamblea de Madrid Bartolomé González e Isabel Redondo, Fátima Báñez, José Antonio Monago...

Pero, ¿cuál es la fórmula de estos juegos on-line para contar con tantos seguidores, hasta el punto de convertirse en una adicción? El psiquiatra forense José Miguel Gaona evita hablar de adicción en los casos ya citados, pero sí que describe un perfil de los jugadores: «Normalmente las personas aficionadas a estos juegos on-line suelen tener un bajo nivel de socialización y altos niveles de estrés», explica. Sin embargo Gaona no minimiza la «cara B» de estos juegos: cuando no se puede pasar ni media tarde sin echar una partida, «empiezan los problemas porque se convierte en una acción obsesiva que puede provocar insomnio, irritabilidad, ansiedad e incluso estrés postraumático entendido desde el punto de vista de que el jugador puede visualizar las jugadas, que le vienen a la mente una y otra vez». En la actualidad, según afirma Gaona, las consultas de los psiquiatras y psicólogos están atendiendo un número cada vez mayor de pacientes con esta adicción, «principalmente adolescentes, se ha subido un peldaño con respecto a la adicción a los vídeo- juegos».

Quien sí que necesita más de una consulta, y de cien, es Nicolás Maduro, hace unos meses contó su «drama»: era adicto a «Candy Crush» por culpa de Barack Obama. En un país donde el racionamiento y la miseria se han llevado por delante un mínimo de calidad de vida de sus compatriotas, el sátrapa no dudó en mostrar su «Ipad capitalista» y culpar a Barack Obama y a la CIA: «Esto no puede ser posible, chico. Llevo cuatro semanas sin dormir, dándole que dándole a los caramelitos en el Ipad. Si uno lleva cuatro días en el mismo nivel tiene que terminarlo sí o sí. ¡Ese maldito juego quiere que yo deje de trabajar para destruir Venezuela!».

Mucho más humilde fue el diputado conservador británico Nigel Mills. «The Sun» publicó un reportaje con todo lujo de detalles en el que se le veía jugando en una sesión parlamentaria durante más de dos horas. El miembro del partido Tory pidió disculpas. «Garantizo que no va a pasar», dijo a través de las redes sociales. Lo que es seguro es que la clase política, sin diferencias de casta, va a mantener esta afición en el ámbito privado.

Una tentación para la clase política

Tania Sánchez

La ex diputada autonómica de Izquierda Unida es una aficionada habitual a juegos como Tetris o Monopoly desde su cuenta de Facebook, pero no durante su jornada de trabajo.

Odón Elorza

El diputado socialista y ex alcalde de San Sebastián tiene en un tragaperras virtual, el Game Twist Slots, uno de sus juegos preferidos, según su perfil de Facebook.

José Antonio Monago

El presidente extremeño presumió de haber conseguido un récord en el juego Doodle Jump. Poco después reculó y pidió disculpas a través de Twitter, red social que abandonó.

Bartolomé González

Junto con María Isabel Redondo, también diputada del PP madrileño, fue cazado en plena partida de «Apalabrados» durante la votación de la Ley de Acompañamiento. madrileña.

Aluvión de posibilidades

«Apalabrados»

Desarrollado por Etermax, es un juego de letras basado en el famoso Scrabble. En el juego debes anotar tantos puntos como puedas para vencer a tu rival, formando palabras en el tablero de forma vertical u horizontal.

«Farmerama»

Creado por Bigpoint, es un juego de simulación. Los jugadores están al cargo de una granja donde tienen que plantar campos y cuidar animales. A través de distintas tareas y misiones, los «granjeros» aumentan de nivel.

«Frozen free fall»

Producido por Disney, se trata de un juego en forma de rompecabezas. Inspirado en el funcionamiento del «Candy Crush», el movimiento básico del juego consiste en intercambiar posiciones de dos piezas para alinear grupos.