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Franco Moscone: «Siempre le digo al Padre Pío: si estoy aquí es por tu culpa, ¡así que piénsalo y ayúdame!»

Moscone es el nuevo obispo de la Diócesis donde vivió el Padre Pío, de quien justo ayer se celebró el 109 aniversario de su ordenación sacerdotal

  • “La experiencia supone un desafío a la fidelidad y la creatividad evangélicas. Confío en la mediación de quienes me ven y oran desde el Cielo”
    “La experiencia supone un desafío a la fidelidad y la creatividad evangélicas. Confío en la mediación de quienes me ven y oran desde el Cielo”
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

10 de agosto de 2019. 23:53h

Comentada
José María Zavala Madrid. 10/8/2019

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Franco Moscone es el nuevo Obispo de la Diócesis italiana de Manfredonia, Vieste y San Giovanni Rotondo, donde vivió el Padre Pío, canonizado por Juan Pablo II, durante cincuenta y dos años consecutivos hasta su muerte. Designado Obispo por el Papa Francisco en noviembre de 2018, tiene con 61 años la misión de extender por todo el mundo la figura de uno de los más grandes santos en la Historia de la Iglesia. Esta es su primera entrevista en España, concedida a LA RAZÓN.

–¿Qué ha supuesto para usted su nombramiento inesperado como Obispo de Manfredonia, Vieste y San Giovanni Rotondo, la tierra donde vivió y murió el Padre Pío?

–Fue una sorpresa. Y no tanto por ser una «llamada» al ministerio pastoral del obispo, sino a esta diócesis concreta que, por la presencia y «consistencia» del Padre Pío, la hace particularmente «visible» y expuesta a la Iglesia universal. Es una sorpresa que, sin embargo, es rica al menos para mí y supone un desafío a la fidelidad y creatividad evangélicas al mismo tiempo. Confío en la mediación de aquellos que me ven y oran desde el Cielo.

–¿Qué representa la figura del Padre Pío en su vida ministerial?

–Hasta hace unos meses, la figura del Padre Pío era para mí un santo emérito que no me «interesaba» en ningún aspecto: ni espiritual, ni caritativo ni pastoral. Esto hizo que el nombramiento fuera una gran sorpresa y al mismo tiempo una carrera contrarreloj para darme cuenta de quién era y qué significaba el Padre Pío para la Iglesia universal y la diócesis en particular. Por lo tanto, en este momento me siento como en la «escuela» del Padre Pío, como uno de sus discípulos que recientemente comenzó a dar pasos bajo su mirada y al lado de su gran personalidad. Por ahora, le considero un «maestro» y le siento como un «protector» particular.

–¿Es cierto que el Padre Pío está cumpliendo su promesa: «Haré más ruido muerto que vivo»? ¿Es tan poderoso intercesor?

Con toda seguridad es un protector «poderoso». Su persona es conocida y representada un poco en todo el mundo, y también en lugares donde la Iglesia Católica constituye una minoría extrema. En este sentido, puede considerarse un precursor o «compañero» en los primeros pasos de la evangelización. En San Giovanni Rotondo, sin embargo, se siente su fuerte presencia y no solo porque es el lugar de su santuario y guardián de sus reliquias, sino por la continua y numerosa llegada de creyentes y devotos. Alrededor del Padre Pío uno siente realmente lo que significa ser «Pueblo de Dios» y guiado por Dios.

–¿Qué aspecto le llama más la atención del Padre Pío?

Respondo con una sola imagen: considero al mismo tiempo «encarnado» físicamente al santo de Pietrelcina y «arraigado» en el Evangelio. Para mí, los estigmas del Padre Pío me conducen al Jesús Resucitado que aparece y envía a los Apóstoles a evangelizar, en lugar de a la Pasión y la Cruz. ¡Creo que para entender al Padre Pío debemos comenzar desde el final, la Resurrección, no desde la Cruz!

–¿Por qué el Papa Francisco es tan devoto del Padre Pío y le puso como ejemplo del Año de la Misericordia?

Es una pregunta que debe hacerse al Papa Francisco y su respuesta es personal. Sin embargo, creo que no me equivoco al afirmar que el Papa ve al Padre Pío como un Santo del Pueblo, dentro del Pueblo y a favor del Pueblo. Basta con leer el Evangelii Gaudium sobre el significado de la religiosidad popular y el sensum fidei del Pueblo para comprender lo que afirmo. El Padre Pío muestra muy bien este aspecto y, por lo tanto, fue elegido como ejemplo no solo de un año de Misericordia sino de la eterna Misericordia de Dios.

–¿Cómo es el Papa Francisco?

Es una persona del pueblo preparada por la Providencia y llamada a dirigir su Iglesia hoy. Es una persona que no se distancia, que siempre te hace sentir a gusto y te abre las puertas del corazón. Es realmente el Papa que necesita la Iglesia, pero también el mundo globalizado y roto de hoy.

–Este año se ha celebrado el primer centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. ¿Visitará algún día España el corazón del Padre Pío?

No puedo responder ni quiero decepcionar las expectativas. Hay muchas solicitudes de «peregrinación» del corazón del Padre Pío en numerosas partes del mundo y es imposible, así como inapropiado, complacer a todos. Es importante que el corazón del Padre Pío, que late según el Corazón de Jesús, toque nuestros corazones y los sane de la falta de amor y de Misericordia. De esta manera, el corazón del Padre Pío llega a todos los lugares y también a la maravillosa tierra de España.

–¿Qué recuerdos conserva de su estancia en España? ¿Hizo algún estudio aquí?

Fui miembro de la comunidad religiosa de mi Congregación en Caldas de Reis (Pontevedra) entre 1979 y 1980. No fueron años de estudio, sino de desapego del estudio teológico para comenzar a probar en el campo lo que significaba trabajar como Padre Somasco. Considero que esta es la experiencia más bella y enriquecedora de mi vida religiosa y de mi formación espiritual y pastoral. El Padre Bruno, mi predecesor como Superior General de la Orden, era entonces superior en Caldas de Reis. Pasó al Cielo a finales de julio pasado y tuve el honor de presidir la Eucaristía en el funeral y pasar dos días en España.

–¿Cuál es la misión de los Grupos de Oración del Padre Pío que usted dirige en todo el
mundo?

Creo que la misión de los Grupos está en la palabra «Oración». Pero una oración que no permanezca como «espiritualismo» o «devoción» pura, sería inútil y no cristiana, incluso si intentara aparecer como tal. Pero una oración que hace «obras de caridad» concretas al servicio de los enfermos y necesitados... Orar es por el Evangelio y por el Padre Pío; es sinónimo de «actuar» según el Evangelio, y actuar según el Evangelio es sobre todo reafirmar el texto de Mateo, 25.

–¿Cuál es el lema de su sello episcopal? ¿Por qué?

–Elegí el lema episcopal basándome en mi historia como religioso de la Congregación fundada por San Girolamo Emiliani, un laico veneciano de principios del siglo XVI. Un santo de caridad laboriosa, impulsada por el deseo de la Reforma de la Iglesia. Por lo tanto, el lema contiene algunas de sus últimas palabras (testamento espiritual): «Servir a los pobres y a la Iglesia».

–¿Cómo surgió su vocación sacerdotal?

Seguí un camino «natural» y bastante rápido, de acuerdo con las enseñanzas de mi familia y del entorno local de la Iglesia donde viví y aprendí. Todo esto me hizo encontrarme en Somaschi y tan pronto como terminé la escuela secundaria, decidí ingresar y experimentar con ellos. Me quedé allí y hoy me siento primero Somasco y luego obispo.

–¿Cuál es su santa preferida y por qué?

–Yo diría que son muchas. Pero siempre me han fascinado las santas carmelitas. Puedo mencionar a Santa Teresa de Ávila, Santa Teresita de Lisieux y Santa Edith Stein. Creo que son santas que han marcado a la Iglesia, y en particular a la Iglesia europea. Debemos seguir recurriendo a sus enseñanzas y testimonios.

–¿Conoció a San Juan Pablo II? ¿Qué relación tuvo él con el Padre Pío?

–No conocí a San Juan Pablo II en persona. Viví, eso sí, mi juventud y mi primera vida religiosa y sacerdotal bajo su pontificado. Así que él me marcó y construyó. Luego pasé cinco años en Polonia (1995-2000) y esto me permitió conocer no solo la patria de la que vino, sino también la cultura y la espiritualidad de la Iglesia polaca que formó la personalidad del Papa Wojtyla.

–El Padre Pío, como otros grandes santos, sufrió una persecución por parte de algunas personas de la Iglesia. ¿Cómo reaccionó ante ello?

–Cómo reaccionó el Padre Pío ante las «persecuciones» por parte de personas de la Iglesia es una pregunta para los historiadores serios del Padre Pío. Creo que se han dicho demasiadas cosas sobre ello y tal vez no están totalmente ponderadas históricamente. Creo que hablamos de «clichés» y esto no es bueno para la figura del Padre Pío, ni para la Iglesia ni tampoco para sus devotos.

–¿Qué sintió la primera vez que se puso delante del cuerpo del Padre Pío?

Una sensación inmediata de paz interior. Siempre me dirijo al Padre Pío y le digo: «Si estoy aquí es por culpa tuya, ciertamente yo no lo busqué, ¡así que piénsalo y ayúdame!».

–¿Cuál es el mensaje del Padre Pío para hoy?

–Lo que dije anteriormente: el Padre Pío es la imagen en carne del Crucifijo Resucitado. Con el Padre Pío todos podemos sentirnos viajando acompañados.

–¿Qué representa Casa Sollievo della Sofferenza para San Giovanni Rotondo y el resto de Italia?

–La respuesta es seca y clara: sin Casa Sollievo, San Giovanni Rotondo no existiría, sería la muerte. Con Casa Sollievo es una ciudad que puede servir de ejemplo, también administrativo, a otras ciudades no solo de Italia sino de todo el mundo. ¡Y este también es el trabajo del pensamiento y el corazón del Padre Pío, que «hace más ruido muerto que vivo»!

–¿Qué tres libros recomendaría leer?

–En los últimos meses he leído algunos libros sobre el Padre Pío. También escribí el prefacio. Personalmente me gusta recomendar, como buen maestro, los originales, la lectura del Epistolario del Santo, en particular las cartas de los primeros años (1910-1918).

–¿La familia está hoy en crisis? ¿Qué antídotos propone?

–El antídoto es solo el Evangelio y el Evangelio del amor, resumidos en las cuatro palabras que el Papa Francisco repite continuamente a las familias: «¡Gracias, por favor, disculpen!».

–El Padre Pío sentía predilección por los jóvenes. ¿Qué les diría usted hoy a los jóvenes?

–Les diría las palabras de Christus Vivit: «Eres el ahora de Dios, de la Iglesia y del mundo, ¡no dejes que te roben el futuro y la esperanza!».

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